miércoles, 22 de septiembre de 2010

Ruinas



Era una fría noche de un lúgubre invierno, la densa niebla de la noche impedía ver más allá de dos pasos. El cementerio… desolado, olvidado, misterioso, envuelto en niebla… tan hermoso…
La oscuridad de la impenetrable noche me rodeaba, me invadía, me asfixiaba. El vapor que emergía de mi respiración, agitada. No veía hacia donde me dirigía. Las sombras parecían tomar vida en formas flotantes con delicados vestidos de gasa.
Impenetrable oscuridad, ¡no me dejes caer! El viento susurraba fantasmal, agitando mi larga melena y haciendo vuelo en mi falda de seda. Mi blanca piel congelada como los témpanos de hielo. Tenía mucho frío, pero no me importaba. Envuelta por la belleza de aquello que no veía bien, paralizada por el frío y los sonidos aterradores que escuchaba, mi respiración agitada apretaba mi pecho contra las rígidas paredes de mi hermoso corsé.
Comencé a caminar sin rumbo a través de las viejas y ruinosas lápidas, la niebla hacía parecer como si los espíritus de espectros y cadáveres emergieran de su profundo descanso.
- Meras ilusiones, engaño de los sentidos –me repetía. El cementerio me abría un camino cada vez más definido entre sus recuerdos petrificados, y yo avanzaba, sin dejar de mirar a mi alrededor, pero nada me impedía continuar, algo me obligaba a hacerlo.
Ruinas de un desolado mausoleo, santuario de un sueño derruido. Un claro de luna… La niebla parecía rodearme, como si quisiera llamar mi atención. Mi nostalgia y melancolía me empujaban a entrar al viejo santuario. Bajo sus quebradas paredes, una atmósfera pesada de olor cargante. En medio de aquel mausoleo, con los ojos fijos en mí, una estatua… un ángel de piedra. Un epitafio rezaba:
“Y aquí yace la voluntad que no muere;
El hombre no se entrega a los ángeles
Ni a la muerte por entero, como no sea
Por la flaqueza de su débil voluntad”
- ¿Quién no conoce los misterios de la voluntad con su rigor? –me pregunto.
Los ojos del ángel, con ira y tristeza, castigando mi presencia, casi parecían hablarme. ¡Vete! ¡Vete lejos! –decía. Y no pude articular palabra. Mi cuerpo congelado cayó de rodillas, y rompí a llorar, era un llanto desconsolado. Hube de gritar, y el grito surgió de mí como un diablo exorcizado huyendo despavorido. Y el grito pareció ensordecer el temible viento, pareció ensordecer la voz del ángel que me contemplaba con ojos vacíos y me gritaba: ¡Vete de aquí! ¡Maldita! Pero su voz se hacía más fuerte, no callaba.
Me intentaba consolar repitiendo: Meras ilusiones, engaño de los sentidos. El grito no enmudecía, penetrando en mis entrañas y torturando mi cordura. ¡¡Meras ilusiones, engaño de los sentidos!!… Las lágrimas recorrían desesperadas mi rostro, huyendo lejos, y mis manos se apretaban contra mis ojos, intentando pensar que todo era un sueño, que despertaría y nada de esto estaría ocurriendo, que tan solo era una pesadilla. ¡¡¡Meras ilusiones, engaño de los sentidos!!!
Me levanté en un acto reflejo y eché a correr; la voz se fue debilitando, hasta que me dejé caer al lado de un epitafio. Una rosa negra yacía a su lado, moribunda pero hermosa; y la cogí, y sentí el dolor de sus espinas clavarse en mis manos, y la aferré contra mí, provocando heridas en mi busto de mármol, ahora rota su pureza por las gotas de rubí, el hilo de sustancia vital recorriendo el camino de mi piel y deslizándose por mi cuerpo. Era cálida, agradable.
Las lágrimas se habían congelado en mis mejillas, y apoyé la mano ensangrentada en la tumba de mi lado. Fue entonces cuando pude leer mi nombre en ella. Aquel epitafio rezaba mi nombre y clamaba inminente la fecha de mi defunción, un mandato que debía cumplirse. Ya sin fuerzas, me repetía una y otra vez: “Meras ilusiones, engaño de los sentidos” mientras en mi mente resonaban los versos del epitafio del ángel: El hombre no se entrega a los ángeles ni a la muerte por entero, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad. Era la víctima de los caprichos de la Muerte, me sentía perseguida, acosada, violada. La Muerte quería poseerme. Había roto mi inocencia con el engaño de algo tan bello como una rosa, pero quería más. Esta noche sería suya. No podía permitírmelo, mi voluntad no era frágil, la vida se despertaba en mí. ¡No! La Muerte no ganaría la batalla. No me iba a entregar a ella sin oponer resistencia. Me percaté entonces de que no estaba sola…
Desde la lejanía, una niña demacrada, como salida de la tumba, portaba un farolillo para alumbrar el camino. Con voz sobrenatural, se le podía escuchar entonando una dulce melodía. “La Muerte es un ángel” –decía mientras esbozaba una tímida risa juguetona.
De entre la niebla, pude observar cómo empezaba a formarse una figura ágil y vaporosa con grandes alas emplumadas. Era ella.
Se acercó hasta mí, sentí su presencia, aunque lo único que podía ver era un conjunto de niebla que se movía en dirección a mí. Meras ilusiones, engaño de los sentidos. Sentía el cosquilleo del roce de aquella forma fantasmal, que me acariciaba todo el cuerpo. Mi corazón empezó a latir más violentamente ante aquella situación tan irreal. El hilo de sangre que recorría mi pecho se colaba por entre todos los rincones de mi cuerpo tembloroso y débil, repartía su calor. Era la vida que se escapaba de mí, y sentía como cada vez me debilitaba más y pensé que mi fin sería allí, entre la niebla fantasmal. ¡Oh Muerte, ven junto a mí! ¡Oh Muerte, dame vida!
El fantasma alado de la niebla empezó a tomar forma más definida, era la forma de una mujer alada, un ángel. Se iba perfilando la forma de su rostro, sus ojos, sus labios… carnosos y dulces, que incitaban a perecer en ellos. El tiempo hacía que su imagen se volviera cada vez más nítida, su piel se definía, tenía el color de la porcelana. Aventuré que tendría el mismo tacto, y deseé comprobarlo. Pero no podía moverme, estaba inmovilizada, por el terror, por aquella imagen que acababa de materializarse como surgida de la nada. Contemplaba cómo aquel ángel oscuro se aproximaba a mí. Era muy hermosa, atrayente, la Belleza en sí misma... ¡Pero yo deseaba vivir! Sin embargo, la impotencia amenazaba con no dejarme luchar. Aquella presencia era irresistible y ya todo dejó de importar... el frío, el dolor, el miedo. Se acercaba con paso grácil y felino, casi parecía no tocar el suelo al andar. Cuando llegó a mí pude observar sus ojos, sus oscuros ojos, penetrando en todo mi ser. ¿Qué había en esos ojos? ¿Qué era aquello, más profundo que el pozo de Demócrito, que yacía en el fondo de sus pupilas?
Tampoco pude moverme cuando el ángel me acarició la mejilla con su marmórea piel, su mano continuó el recorrido hasta llegar a mi cuello. Los escalofríos habían hecho presa de mí ante aquel contacto sobrenatural. Mientras tanto, no pude apartar mi mirada de sus profundos ojos, y deseé estar más cerca, todo lo demás ya era irrelevante. Fue entonces cuando sus labios se posaron sobre los míos. Un instante, una descarga eléctrica, luego una dulce sensación... y paz, y calma. Me había rendido ante ella, mi voluntad flaqueó. Deseé poseer a la Belleza, pero ella me poseyó a mí y caí ante su engaño, ante el Beso de la Muerte.

jueves, 9 de septiembre de 2010

La habitación de humo


Fumando pensamientos, bebiéndome el amargo néctar de la soledad, esperaba en aquella habitación cerrada, pequeña y tenue. Sin ventanas. El humo iba alcanzando todos los rincones mientras masticaba las horas y devoraba los minutos. Una densa niebla producto de los desechos humeantes de mi mente, que surgían serpenteantes de mi boca.

Había momentos en los que los muebles parecían aparecer y desaparecer a su completo antojo, y de los rincones emanaban sombras que se convertían en feroces monstruos que me atormentaban hasta la locura. Ya no veía, no veía más allá de mí. No podía apreciar el rasgado papel pintado vintage que cubría la pared, acaso adornándola. No podía divisar los bordes puntiagudos de los muebles viejos que se erguían allí, si acaso los había. Ya no lo recordaba, porque no los veía, podría haberlos imaginado. De hecho, ya no recordaba nada, sólo la maldita espera. ¿Qué era lo que estaba esperando? Seguí bebiendo, y me emborraché a soledad. Seguí comiéndome el tiempo, y me empaché de momentos vacíos… Hasta que el silencio amenazó con asfixiarme. ¿Qué era lo que estaba esperando?

Mis propios pensamientos desesperados se retorcían, grises, eran como serpientes, girando y moviéndose al azar por la habitación, reptando… Eran ya tantos que chocaban una y otra vez entre ellos. Pero lo peor de todo era que me impedían ver lo que había más allá de mí, dentro de aquella habitación oscura y diminuta, aquella habitación que era como mi segundo cuerpo. Estaba cegada, no sabía exactamente cuánto tiempo había pasado allí. Respiraba humo blanquecino y lo exhalaba grisáceo, oscureciendo cada vez más el ambiente, ahogándome sin poder remediarlo…


Y el día me trajo horribles visiones, visiones que jamás hubiera podido imaginar en un delirio de la mente. Visiones de ultratumba, visiones que sólo podrían explicarse por efectos alucinógenos de bebidas más peligrosas que la absenta... No hay cosa más horrible para el hombre que tener pesadillas, despertar, y darse cuenta de que prefiere volver a dormir. Hay veces en la vida, en que uno siente que es feliz, que no quiere soñar ni lo necesita, porque la realidad supera sus sueños. Y hay ocasiones en las que uno no quiere despertar… porque sus pesadillas son, en parte, el alivio de su cruel realidad…

sábado, 28 de agosto de 2010


Una imagen vale más que mil palabras. Y como no iba a escribir mil palabras... pues hago un esquema, para que todo quede más gráfico.

Hoy ha sido una buena tarde, no por nada en especial, y por todo. No he hecho nada, sólo me he quedado en casa, delante del ordenador. Nunca me aburro teniendo un ordenador con internet. No hay momento en que no sepa qué hacer, siempre hay algo que buscar, descubrir, y mil pestañas que abrir a partir de nuevos y nuevos descubrimientos que se van encadenando. Y me lo paso pipa, en serio. Creo que soy adicta a internet, pero dentro de lo que cabe, no es una adicción demasiado mala si voy ampliando mi conocimiento en cada aventura a la que me lanzo en el ciberespacio :D Es algo que satisface mi curiosidad momentánea, y a lo que dedicaría horas y horas si no tuviera NADA que hacer... pero para bien o para mal, tengo una vida que llevar. Aún así, esto de buscar es una actividad lúdica bastante (= "pretty" como adverbio, si me permiten el desvarío anglosajón momentáneo) interesante y satisfactoria.

Ahora, centrándonos más en el tema. Si pincháis en la imagen, podréis verla ampliada a tamaño real y completamente legible. Voy a tratar de explicar cómo he llegado a todos los conceptos e ideas que en el esquema expongo, los cuales a su vez se enlazan unos con otros y derivan en conclusiones que también explicaré.

Baudelaire. Así comienza mi esquema. Llevo algo de tiempo pensando en escribir sobre este hombre. Hay muchas cosas que podría hacer; desde una reseña literaria, un análisis de su visión del mundo, de su estilo literario hasta una interpretación del mismo aplicado a una poesía de mi propia cosecha o un ensayo sobre el contexto social y cómo afecta al escritor-poeta y a su vez a sus contemporáneos. El spleen de París...

Ya hemos llegado al segundo punto. El spleen es un término con una historia -tanto etimológica, léxica como conceptual- harto interesante. Acto seguido me sumergí en la lectura de un artículo de la publicación "el mal pensante" que guardé en favoritos otra de mis tardes investigadoras. (Si tenéis suficiente tiempo e interés, leedlo para seguir el hilo al completo.) El artículo cita a un montón de autores relacionados con el spleen, pero me llama la atención Voltaire. Ya me había salido citado últimamente en alguna ocasión, y al leer "[...]podría describírselo aplicando las palabras de Voltaire al final de su Candide: presa de “las convulsiones de la inquietud o del letargo del tedio”.[...]" no pude evitar buscar sobre dicha obra de Voltaire. Recurro a la wikipedia, y en enlaces externos encuentro links con la obra completa para descargar. La descargo y la guardo en mi disco duro para alguna futura lectura (ya se me están acumulando muchas xD)

También encuentro referencias al pensamiento alemán, héroes como Werther (obra de Goethe), Schopenhauer... Ya es otra vez más que me encuentro con este tipo. Decididamente, cuando tenga tiempo, pienso leer algo de este hombre que ya descargué hace tiempo, así como otro documento que añadí a la colección. Esto lleva a mis procesos mentales a recordar el término misantropía fugazmente...

Otro autor que me llamó la atención es un tal Houellebecq que, aparte de por su nombre raro, su sentimiento de tedio en el mundo de hoy en dia despertó mi curiosidad. Tras leer los párrafos del artículo en los que aparece... decidí buscar info en la wikipedia, para averiguar quién es este contemporáneo, que en un mundo donde todos los escritores se copian unos a otros, creando una vasta especie de fondo literario vacío de originalidad y superfluo, destaca con un pensamiento tan peculiar. Es como un Baudelaire moderno con influencias de Lovecraft... Interesante. Es un escritor a cuyo nombre va unida la palabra controversia. Es más odiado que amado, y sin embargo, sus ventas se disparan como la espuma. El tipo es un misántropo en potencia... Yo tuve una época así. Es ahora cuando actualizo el tablón del tuenti con la frase de Houellebecq (estoy empezando a aprenderme cómo se escribe xD). Busco en sus obras alguna que me llame la atención... La última: Enemigos públicos. La más reciente y un intercambio de correos electrónicos con un filósofo francés.

Leo varias opiniones por ahi, esto tiene que ser divertido :D A partir de la segunda vez que el término misantropía llega a mi cabeza, empiezo a prestarle más atención. De pronto recuerdo un fotolog, el de t__death_note__t, cuya última entrada critica a todo lo que se mueve con lengua viperina. Aish, la juventud... Me sorprende encontrarlo aún abierto después de tantos años, lo leo, también los comentarios. Recuerdos... Era divertido estar en contra del mundo. Tengo que recuperar esa vieja actitud ante la vida, la gente me sigue cayendo igual de mal, pero me había acostumbrado a soportarles. Esto no puede ser. La crítica, el gusto de ser odiado, el éxito de la controversia, el "no me importa lo que piensen de mí"... Oh si, tengo que recuperarlo. Me otorgó una personalidad muy fuerte, y cuanto más me enfrentaba al mundo, más seguridad en mi misma cogía. Una idea: ¡Tengo que actualizar el blog con esto! Pero, ¿cómo empezar? Tantos procesos mentales que me han llevado de una cosa a otra, tendré que decir de dónde ha salido todo. He aquí toda la explicación.

Pero un momento, no he acabado. Tras descargarme Enemigos públicos y descubrir que sólo contenía veinte páginas, comencé mi lectura. Puedo decir que lo que parece empezar como la guerra acaba convirtiéndose en un intercambio de confesiones. He encontrado referencias a Baudelaire (¡muchas! para mi grata sorpresa ^^) y a Voltaire (¿otra vez?). Tras terminar la lectura y haber leído varias opiniones sobre el libro (véase 1, 2 y 3), vuelvo a decidir que escribiré una entrada en el blog donde pondré este libro para la lectura de aquellos que lo deseen. Por tanto, lo subo a Scribd (comprobando con éxito que es la primera vez que se sube y no hay documento igual) e inserto el código html en una entrada, lo guardo en borrador. Hago el esquema, fotografía, retoque, subida al blog, guardar borrador... Más tarde me pongo a escribir, y acabo hoy, al día siguiente, después de comer, por fin, el maldito artículo.

Sólo me queda decir... que esto de enlazar cosas es agotador, y más escribirlo. Así que dejaré al cerebro estos procesos mentales y no pienso volver a contarlos. Si no entendéis a qué viene algo, os jodéis xD

Y otra cosa más... No le pongo título, porque no me da la gana, hay tanto tema que me cuesta decidirme, y ya no me apetece seguir pensando ni escribiendo más. Disfrutad de "Enemigos públicos" =)

Enemigos públicos - Michel Houellebecq y Bernard-Henri Lévy

viernes, 20 de agosto de 2010

"Presteza roja" de Raúl Campoy Guillén

Presteza roja

Vencidos por el tiempo,
jamás.
Hay melancolía en nuestros segundos.
Sí.
Ayer ensuciamos nuestros espejos
y los limpiamos con la misma suciedad,
y ahora esos segundos,
me golpean como plomos
fanáticos de gravedad.
Esos segundos que inventaron horas,
ahora caen
como el látigo marino en mi conciencia.

Yo no me adapto a las horas.
Desconfío de su generosidad.
Yo me expongo demasiado a las horas.
No, miento.
Las horas se exponen demasiado a mí.
Entran en mí como una confusión de ramas.
(Siempre hay sarmientos inesperados.)
Yo hago leña de las horas.
Me revelo de su estado
de ejecutivo amamantado.
Lo intento, pero caigo…
Soy inesperado
porque tengo demasiados cronómetros.
Oscilo entre bradicardias y taquicardias.
Vivo entre escaleras.
No queriendo llanuras rutinarias,
ni mecedoras melodiosas
ni ciclos cerrados
ni tantas olas
ni tanta piedra impreguntable
ni tantas cordilleras como heridas sin significado.

Sería bonito estar cansado.
Ser borrado.
Caer en nuestros daños
y no recuperarme.
Acostumbrarme a caer.
No salir para no tener que entrar.

Pero la belleza se refleja en mis nervios…

Digamos
que me rodeo en estos versos,
por la incapacidad de aceptar
que mi sensibilidad
no tiene orillas
ni precipicios,
llega rotunda y extensiva,
creativa en saltos,
en suspendidos humos excitados
y pezuñas topetadas.

Digamos
que mi pestilencia
se debe a la sobredosis del tiempo;
que me hace valorar mis arrugas
como si las excavara yo mismo,
que me hace arañar las emociones hasta lo ridículo
y predecir,
ese jifero que profetiza en la frente,
ese ritmo de migrañas:
estampidas de mi existencia.

Sí.
Llevo una jaula para retener tus inercias
y copies las mías:
“Venga Irene,
salta hacia mis ojos.
Tiembla barroca ante la trompeta
que sobresalta en la nostalgia.
Sea tu vida una acrobacia.
Una discusión de pétalos caídos
como aspersores impúdicos.
Camina interrumpida en los aromas,
desinfla el tomillo en tus manos.
Aquí estoy yo,
y quiero que me dividas en ti.”

No es manipulación,
es que mi corazón
es un salto de flores;
y las flores
conducen al tallo
y el tallo
conduce a las espinas.

¿Y por qué espulgar las espinas,
si yo no quiero ser lento
porque tú no quieres ser rápida?
¿Acaso, aunque yo te ame
como una colección de estímulos,
aunque tú me entregues todas las
culturas en tus labios,
somos obvios en la unidad?
Alguien es obvio en la unidad?
Dime,
alguien?

Entonces ven,
atravesemos el tiempo
con un juego de látigos si hace falta.
Ven,
con recogedores en las lágrimas.
Ven,
ya hemos pasado muchos sabores,
duros, secos, agrios, acabados.
Ven a esta última cornisa,
la que yo quiero coronar,
donde yo quiero morir ausente del frío artificial;
túmbate,
hagamos el amor como extintos animales.
Ven,
quememos nuestros sueños con presteza roja y
asesina.

Aquí estoy yo,
y tú,
cegados que no envejecidos.
Aquí está mi lápida,
mi sello,
mi destino.
Si tú quieres… tu lápida
tu sello
tu destino.
Aquí tu y yo,
puros de dudas,
puros de consecuencias,
inmortales apagados.

Raúl Campoy Guillén


Me ha gustado este poema. Está recopilado en el número 23 de la publicación/revista "Cuadernos del Tábano". Se puede ver y descargar en scribd desde su blog, donde también están los números anteriores. Muy interesante publicación, me dedicaré a echarle una ojeada. Quizás me pase algún día por la tetería El Tábano, suena un sitio interesante por lo que leí. Me puse a buscar teterías en Alicante, y acabé en este artículo. Así fue como llegué al Tábano, sus publicaciones, y la cantidad de actividades artísticas en las que están involucrados. Un pequeño foco artístico-cultural en Alicante, que no es que abunden precisamente.

Más info en la web de la misma tetería: El Tábano

Buen verano, escasos lectores =)

miércoles, 11 de agosto de 2010

I had a dream... which was not only a dream

Ayer tuve un sueño.
Era todo tan irreal,
perdí la noción del tiempo
si acaso el tiempo seguía existiendo.

Ayer creí viajar
donde la imaginación no alcanza.
Creando paraísos artificiales
que ni siquiera llegué a pisar.

Fue sólo un sueño,
que convertía la realidad en pesadilla,
y me entregué sin pensarlo
pero olvidé que estaba soñando.

Y de pronto todo se desvaneció,
como el humo que se disuelve.
Dolió, pero el dolor también se esfumó.
Todo fue como debió haber sido,
y lo que alguna vez fue no es ni será más...
Y así fue que de pronto desperté
Y todo fue sino un sueño.

Y todo fue sino un sueño,
una sombra de lo imposible,
una ilusión sin más,
un falso y efímero sueño.
Y los sueños, sueños son.

Tuve un sueño, que no fue solo un sueño...
¿Acaso hubiera sido mejor no soñar, no abandonarse al dulce sabor de los sueños? Pero, ¿cómo evitarlo cuando olvidas que estás soñando? ¿Y si ahora ya no puedo volver a soñar más? Porque tengo miedo, quiero abandonarme otra vez, pero el recuerdo del dolor me frena. Tengo insomnio. Quiero soñar, quiero hacerlo, de verdad, pero no tengo derecho a vivir un sueño que no me pertenece. Un sueño del que igual alguna vez despertaría... y dejaría a la otra persona con el suyo sin acabar, otra vez. Y otra vez no...

(Por favor, obviemos calidad literaria y demás, ya se que es horrible...)

domingo, 1 de agosto de 2010

El Leteo

Ven a mi pecho, alma sorda y cruel,
Tigre adorado, monstruo de aire indolente;
Quiero enterrar mis temblorosos dedos
En la espesura de tu abundosa crin;

Sepultar mi cabeza dolorida
En tu falda colmada de perfume
Y respirar, como una ajada flor,
El relente de mi amor extinguido.

¡Quiero dormir! ¡Dormir más que vivir!
En un sueño, como la muerte, dulce,
Estamparé mis besos sin descanso
Por tu cuerpo pulido como el cobre.

Para ahogar mis sollozos apagados,
Sólo preciso tu profundo lecho;
El poderoso olvido habita entre tus labios
Y fluye de tus besos el Leteo.

Mi destino, desde ahora mi delicia,
Como un predestinado seguiré;
Condenado inocente, mártir dócil
Cuyo fervor se acrece en el suplicio.

Para ahogar mi rencor, apuraré
El nepentes y la cicuta amada,
Del pezón delicioso que corona este seno
El cual nunca contuvo un corazón.

Ch. Baudelaire

El Leteo era uno de los ríos de los Infiernos en la mitología antigua. Sus aguas hacían olvidar el pasado a quién las bebía. Se representaba mediante un anciano de cabeza coronada de dormidera y loto.
El nepente era una bebida mágica, mencionada por Homero, que eliminaba la tristeza y la cólera. En farmacopea, mezcla de beleño, mirra y opio. El poeta vacila constantemente entre la muerte y el olvido. El nepente adormece el dolor, pero la cicuta mata.

Otro de los poemas de mi amor imposible, Baudelaire, a quien amo por la esencia de sus palabras. Conozco su alma, porque leo las huellas tangibles que ha dejado... huellas imborrables, que le hacen, como el Cid, batallar en mi corazón aún después de muerto. ¿Muerte u olvido? Quizás muerte, mas nunca olvido... Baudelaire, inmortal condenado, propriétaire de mon coeur...

lunes, 12 de julio de 2010

Femme Fatale

De nuestra querida amiga la wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Mujer_fatal
Una mujer fatal es un personaje tipo, normalmente una villana que usa el maligno poder de la sexualidad para atrapar al desventurado héroe. Es una traducción de la expresión francesa femme fatale, ‘mujer mortífera’. Se la suele representar como sexualmente insaciable. Aunque suele ser malvada, también hay mujeres fatales que en algunas historias hacen de antiheroínas (antihéroe hace referencia a un personaje de ficción que tiene algunas características que son antiéticas comparadas con las del héroe tradicional. Un antihéroe generalmente realizará actos que son juzgados "heroicos", pero lo hará con métodos o intenciones que no lo son tanto.) e incluso de heroínas. En la actualidad el arquetipo suele ser visto como un personaje que constantemente cruza la línea entre la bondad y la maldad, actuando sin escrúpulos sea cual sea su lealtad.

Historia

Las mujeres fatales han existido, en una u otra forma, en la mitología y el folclore en prácticamente todas las culturas. Entre los primeros ejemplos están la diosa sumeria Ishtar y la bíblica Dalila. La mujer fatal se hizo omnipresente en la cultura occidental a finales del siglo XIX y principios del XX y aparece en las obras de Oscar Wilde, Edvard Munch y Gustav Klimt entre otros. Algunos consideran esta popularización como una reacción a los movimientos feministas y al cambio de roles de la mujer en el tiempo. Con la introducción del cine negro en los años 1940, la mujer fatal empezó a florecer en la cultura pop, apareciendo en thrillers de espionaje e historietas como The Spirit de Will Eisner, o Terry y los piratas de Milton Caniff.
En el mundo anglosajón, la mujer fatal es con frecuencia de origen extranjero. Con frecuencia se la retrata como una especie de vampiro sexual, cuyos oscuros apetitos se creía que eran capaces de arrebatar la virilidad y la independencia de sus amantes, convirtiéndolos en una máscara vacía de sí mismos. Sólo escapando de sus abrazos podía rescatarse al héroe. En este sentido, en la jerga estadounidense antigua se solía llamar a las mujeres fatales vamps, una palabra asociada con las modas de los años 1920. El término vamp era un apócope de vampire, ‘vampiro’, llamado así porque los personajes extraían la vida de sus víctimas no necesariamente bebiendo su sangre sino mediante explotación sexual y económica. Un retrato clásico de mujer fatal fue el personaje de Justine en El cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell.
En la ópera y el teatro musical, la mujer fatal suele ser interpretada por una mezzosoprano dramática y es a veces contraste o la enemiga de la ingenua o la dama en apuros.
Algunos argumentan que este personaje tiene su contrapartida masculina. Algunos ejemplos podrían ser Heathcliff de Cumbres Borrascosas o muchos de los héroes de los libros de Lord Byron.
Las ninjas femeninas, llamadas Kunoichi, representadas en in
contables ocasiones, son famosas y legendarias por ser entrenadas con métodos propios de las mujeres fatales, usando su sexualidad con la misma fluidez que sus mortíferas habilidades para asesinar.
¿Héroe o villano? Mmm ninguno de ellos. A veces heroina, a veces villana. ¿Antiheroina quizás?
Características del antihéroe:
El antihéroe puede ser antisocial, muy inteligente, enajenado, cruel, desagradable, pasivo, lamentable, obtuso, o simplemente ordinario. Cuando el antihéroe es el personaje principal en una obra de ficción la obra frecuentemente lidiará con el efecto que su atroz personaje tiene en aquellos a quienes conoce a lo largo de la narrativa. En otras palabras, un antihéroe es un protagonista que vive por la guía de su propia brújula moral, esforzándose para definir y construir sus propios valores opuestos a aquellos reconocidos por la sociedad en la que vive. Adicionalmente, la obra puede representar como su personaje cambia a través del tiempo, ya sea tendiendo al castigo, el éxito no heroico, o la redención. Además de estas "cualidades" hace falta nombrar el antiheroe es de esta manera debido a que su pasado fue doloroso o cruel y que esta(s) tragedia(s) le da origen a su personalidad y una perspectiva dist
inta a la de los héroes o villanos; puede decirse que el antiheroe vive más en la zona gris.
¿O puede que una mezcla de antiheroina y mujer fatal?
Sea como sea, hay más que héroe y villano, hay algo más que el bien y el mal a secas. Todo depende del prisma a través del cual lo observes. Si la moral fuera algo tan simple como una clasificación radical de actos en buenos o malos, no sería un tema tan controvertido y discutido a lo largo de la historia por importantes pensadores. No pretendo justificar mis actos, por supuesto, yo también sé cuándo obro mal, y por ello acepto las consecuencias de todo lo que hago. Puede que me arrepienta de algo, pero cuando reflexiono sobre ello siempre encuentro que me ha hecho entender un poco más la vida, alguna experiencia que ahora sé que ha sido necesaria atravesar. Nunca lo que te ocurre pasa sin más, y de todo se puede aprender.
Mata Hari, bailarina exótica y espía convicta cuyo nombre se hizo sinónimo de mujer fatal en la Primera Guerra Mundial. (Yeah, ella tambien bailaba :D GRANDE!!)