viernes, 21 de mayo de 2010

Máscaras venecianas.

Máscaras venecianas, que esconden tormento e hipocresía.
Delirio de muchos, consuelo de pocos.
Tortura, cordura, y más delirio...
Máscaras venecianas.

Máscaras venecianas, de amores encerrados.
Falsa moral, ocultos tus ominosos pecados.
Cueldad, vanidad y más lujuria.
Máscaras venecianas.

Máscaras venecianas, juegos bajo prejucios inventados.
Infierno para las verdades,
hipocresía de obligado cumplimiento.
Máscaras venecianas.

Máscaras venecianas, la salvación gratuíta de los pecadores,
la condena injusta de los inocentes.
Máscaras venecianas, de ayer, de hoy y de mañana.
Máscaras venecianas.

Máscaras venecianas, sucias como sus putrefactos canales.
Magnificencias doradas,
decoradas por verde y nauseabundo moho.
Máscaras venecianas.

Diversión, carcajada, perversión y más locura.
Manipulación, apariencias, orgullo y más teatro.

Escóndete donde puedas,
tras tu máscara no hay más que polvo...

"Polvus eris et in polvus reverteris"

domingo, 2 de mayo de 2010

Steampunk Johnny

Oh My God!!

¿He dicho alguna vez lo mucho que me gusta Johnny Depp? ¡Creo que no! Ya es hora de decirlo jaja.

Hoy, no se como, no me acuerdo, he llegado a alguna información interesante. ¿Alguna vez os ha pasado eso de que pensáis en una cosa o la descubrís y al cabo de poco tiempo os lo véis relacionado con otra cosa? Bueno, dejémonos de trabalenguas y de adivinanzas... Hoy voy a hablar de 2 de esas cosas que se me han relacionado: la primera de ellas es el steampunk, y la segunda es mi querido Johnny Depp (como podéis apreciar en el título).


Hablare primero del steampunk:


He leido algo ultimamente sobre el steampunk, pero tampoco sabría decir exactamente de qué se trata. Sé que tiene una estética característica, entiendo en qué se inspira, pero no estoy muy segura de hasta donde llega como corriente de pensamiento. Según la wikipedia, es un estilo literario y cinematográfico... pero no me cuadra del todo.

Según lo que he podido entender, podría haber nacido con la ciencia ficción en las novelas de visionarios como Julio Verne y ambientadas en la Inglaterra victoriana de Charles Dickens. Es un retrofuturismo como el de algunas películas como: La Liga de los Hombres Extraordinarios, Wild Wild West, Steamboy, Skycaptain y el Día del Mañana, Stardust, La Brújula Dorada, La Ciudad de Ember, El Castillo Ambulante, La Máquina del Tiempo, La Ciudad de los Niños Perdidos... Me vais pillando ¿no?

Pues bien, andaba yo por aquel entonces investigando sobre Johnny, y llegué a información relacionada con la 4ª película de la saga de Piratas del Caribe (Pirates of the Caribbean: On Stranger Tides)... Estaba yo en wikipedia cuando encontre noticias (unas buenas y otras malas), empiezo con las buenas, que son las que vienen a cuento:
"Días después de la Comic Con se habló abiertamente de que la historia giraría en torno a la fuente de la juventud, relacionándola así con el final de la tercera entrega, como se había estado insinuando. Igualmente se introducirían elementos de las novelas de Julio Verne, con un enemigo principal inspirado en el Capitán Nemo, introduciendo la franquicia en el género steampunk."

Oh yes!!! Ambas cosas unidas. Será interesante ver esa película ^^. Y bueno, ahora las noticias no tan buenas... sobre el reparto: Keira Knightley no quiere participar en la pelicula porque tiene otras cosas mejores que hacer xD Por tanto, Orlando Bloom tampoco aparecera, porque no tiene sentido sin el personaje de ella... Y se introduciran nuevos personajes como Barbanegra y su hija... aquí viene lo peor de todo... Se rumorea (espero que solo sea eso, pero en wikipedia esta) que la hija de barbanegra sera interpretada por Penelope Cruz!!! :S ¿Os lo imaginais? Porque yo no!! jaja Y sera el amor de Johnny... Oh no, tio, veo eso, vomito y acto seguido me pego un tiro. Es feilla, esta vizca... No pueden hacerme esto T__T

En fin, todo se dira... de momento, a esperar hasta el año que viene, que se supone que se estrenará (y ya veremos cuando llega a España).

Fuente: Wikipedia
Más info sobre el Steampunk en próximas entradas, añadiré link en cuanto la publique.

miércoles, 7 de abril de 2010

Nuevo fondo del blog

Mucho tiempo sin escribir, cosas que contar, pero no hay muchas ganas. Hoy me dedico solo a actualizar un poco, por ver si me motivo y sigo escribiendo una entrada que deje en borrador hara cosa de un mes...

¿Qué os parece el fondo? Queria darle un toque mas elegante al blog, simplemente con el fondo negro quedaba demaisado austero y sencillo, oscuro y melancolico, sí, pero queria algo mas. Ya sabia que tipo de fondo queria poner, pero no encontraba ninguno.

Finalmente, gracias al deviantArt, consegui un pack de fondos llamado "Real Collection 2 Grey Update" de un usuario llamado
iAmFreeman. No le he pedido permiso para usarlos, pero este blog no lo lee mucha gente y no tiene animo de lucro, asi que no creo que haya ningun inconveniente. Por eso he decidido darle credito a su obra, por si el copyright. Así que ya sabeis ;) visitad su galeria para ver más obras suyas.

Más cosas:

Tengo en mi poder el libro + CD colaboración de Victoria Francés con Dark Sanctuary... Y, simplemente: wow! Me arrodillo, una masterpiece como las que no suel haber hoy en dia.

Os dejo con esta opinion, que para mi gusto explica de manera inmejorable este trabajo: http://www.ciao.es/Dark_Sanctuary_Victoria_Frances__Opinion_1748318

miércoles, 6 de enero de 2010

La nada


Ya es 2010, ya me vale... hace unas entradas atrás (concretamente esta: http://theatre-of-solitude.blogspot.com/2009/07/miedo-al-infinito.html)
dije o prometía que escribiría un relato. Según esta entrada, sería al estilo de
mi querido Edgar Allan Poe... y aunque el resultado creo que no se asemeja
demasiado... no puedo intentar imitarle, es uno de los grandes, y yo una simple
escritora a ratos libres de ideas descabelladas.
Os expongo aquí el resultado, pero os pido
ayuda... necesito un final xD (sí, tanto tiempo de demora sólo por el maldito
final que aún no tengo). Cuando lo leais ya me diréis, no os adelanto nada ni os
digo ninguna de las opciones que tenía pensada... espero vuestras ideas. Y ya lo
escribiré. Es un pelín largo (8 caras en word... pero bueno, tomaros vuestro
tiempo xD). Dicho queda todo, sólo falta el texto en cuestión.
Nunca antes me había hallado tan absorta contemplando el horizonte... tan extenso, tan infinito. Es una gran sensación de pequeñez, de terror absoluto, que hace que nuestro cuerpo libere adrenalina, por lo que quizás resulta hasta adictivo. No conozco la situación del resto de la gente frente a la nada, pero a mí personalmente, me aterra.

Mi reflexión sobre todo ello comienza cuando estaba de vacaciones en un crucero por el mediterráneo. Era uno de esos viajes con mucha gente, y muchos espectáculos, y un servicio excelente, y largas noches de discoteca…

Un día decidimos ir a ver el mar, por la noche. Nos juntábamos un grupo de amigas para ir a todos los sitios, éramos compañeras de habitación, otras simplemente eran amigas de la habitación de enfrente. Todas habíamos venido en el mismo gran grupo de gente, y aún en toda nuestra estancia en el barco no habíamos disfrutado de las vistas del mar surcado por el gran navío.

Aquella noche merodeábamos por la terraza, pero íbamos por dentro, los laterales estaban cubiertos por paredes, pero se podía salir afuera. Ya desde que mirabas las ventanas por la parte de dentro, no alcanzabas a observar nada más allá que tu reflejo. Los cristales no permitían que nuestra vista alcanzase a ver algo más, por mucho que te acercaras e intentaras hacer sombra con las manos. En ese momento decidimos asomarnos a ver cómo surcábamos los mares…

Fue terrible. Tan pronto como dejamos atrás las ventanas, con sus cristales reflejantes, nos encontramos ante una gran masa negra donde no se distinguía el horizonte. El cielo y el mar se habían unido en un increíble color negro, pero no un color negro corriente, perceptible por el ojo humano, sino en un color que no era color, no era nada. Fue como si el planeta Tierra tal y como lo conocemos, desapareciera al traspasar la escotilla del barco. Un gran agujero negro. Si uno posee algunos conocimientos de física, puede saber que el negro no es más que la ausencia de luz o color, en este caso sinónimos, pues absorbe todo espectro luminoso, sin reflejar ninguno. Lo que contribuye a la sensación de agujero negro que aspira todo lo que se interpone a su paso.

Lo que lo hacía mucho más fiero y temible era el perfecto silencio. No se escuchaba el rumor de las olas, puesto que no las había, y aún me pregunto cómo era capaz de ocultarse el sonido que haría el barco al surcar el agua, pues ésta debería salpicar… pero no lo hacía. Incluso ahora me estremezco cuando lo recuerdo, es como si hubiera estado realmente frente a la nada.
Mis compañeras, nada más asomarse, se echaron atrás y se quedaron en el límite donde acababan las paredes con cristales y se abría paso el pasillo de la escotilla. Pero en mi caso, el terror no hizo más que alentarme a que me acercara cada vez más. Es cuando comienzas a andar, despacio, que te percatas de que el suelo se mueve, de que estás en un barco, y su vaivén te afecta. Con el terror y el control que deseas tener sobre ti para evitar añadir factores al miedo, el movimiento de vaivén es un gran problema. Te intentas aproximar despacio, como si intentaras robarle algún objeto preciado a un animal gigantesco para no despertarle. Un paso en falso, un crujido, y estás muerta. Aquel maldito vaivén, seguro inspirado por el mismísimo diablo para hacerte caer en las inmensas e incorpóreas manos de la nada…

Comencé a andar hacia la barandilla, desde ahí podría observarlo todo… o nada, paradójicamente. El viento tampoco ayudaba, era otra inestabilidad. Como si me hallara en estado de trance o hipnosis, mi paso era decidido, deseaba llegar hasta el fin. Mis ojos recorrían todo mi campo de visión, intentando escudriñar aquella gran masa negra en busca de alguna señal que me tranquilizara y me asegurara que no me estaba acercando a la nada misma. Pero no encontré rastro de esas señales.

Mi cuerpo dejó de responderme conforme llegué a un cierto punto de aproximación. Era una señal de alarma, el miedo me impedía avanzar, la nada se hacía más grande a mi vista, y el mundo parecía quedar atrás. La sola idea de haber tropezado y caer al vacío me impulsaba a dar la vuelta corriendo. Pero no quería hacerlo. Quería seguir, quería vencer al miedo.

Pero no pude. No podía avanzar, mis piernas no me respondían y mis rodillas se flexionaban, como si de un gran embrujo se tratara, con fin de acabar arrodillada frente a la nada. Quizás fue la nada la que quiso que me arrodillara ante ella, no lo sé. Mi pecho estaba tan oprimido que iba a romper a llorar en segundos. Fue entonces cuando hice lo que mi cuerpo hubiera querido que hiciese desde el principio: salir corriendo.

De rodillas y arrastrándome como pude para no perder tiempo, como si el diablo mismo me persiguiera, conseguí alzarme y corriendo me refugié detrás de las paredes acristaladas, agarrándome a ellas como si pudieran salvarme de todo mal. Y por fin respiré hondo. Me tranquilicé en un momento, a velocidad increíble, mientras progresivamente iba recobrando el afán por volver a asomarme y contemplar la nada. No sé por qué, pero quería hacerlo. Como si de un reto se tratase.

Mis amigas pensaban que estaba bromeando y exagerando. Ellas no se acercaron, no sintieron el terror en sus carnes, no se imaginaban que mi reacción había sido completamente normal. Yo creo que simplemente pensaban que estaba loca.

Me decidí a hacerlo de nuevo, está vez más decidida y con paso firme sin pensar en el vaivén del barco, con las manos estiradas para intentar agarrar la barandilla tan pronto como pudiera para poder sentirme más segura. Pero tampoco fui capaz de lograrlo. Otra vez con fuerza sobrehumana, fui retenida y no pude avanzar, y de nuevo huí despavorida hasta mi refugio. Y así un par de veces más, mientras escuchaba de fondo las risas divertidas de mis amigas, que observaban mi espectáculo, pensando que todo era simple teatro.

Después de la horrible experiencia, no podía sino pensar en el poder de la oscuridad que había impedido que contemplara el mar. ¿Cómo no había sido capaz de hacerlo? ¿Acaso temía a la oscuridad? Jamás antes me había pasado algo parecido. La oscuridad me relajaba, me permitía reflexionar… No me aterraba, o eso era lo que conscientemente quería pensar. Me frustraba pensar que no había podido ser capaz… Me avergonzaba no haber sido lo suficientemente valiente, pues algo irracional me impedía avanzar hasta ello. Algo irracional superior a mi voluntad. Y sólo hay algo superior a la voluntad de uno, y eso es el terror.

Quizás no fuera el terror a la oscuridad… quizás fuera… a la inmensidad, a aquello que parecía la “nada”, lo infinito… Sí, quizás fuera aquello.

Esa noche tuve horribles pesadillas. Mi inconsciente parecía estar acosado por la idea de ser tragada por la nada, de desintegrarme en el infinito. ¿Era eso posible? ¿Qué pasa cuando caes en la nada? Si es la nada, no puede haber cosa material en su interior, si un ser material como yo fuera absorbida por la nada, es necesario que fuera convertida en nada, por lo que con alta probabilidad mi cuerpo material se desintegraría. Pero podría ser la nada algo (que no es algo ya que no es nada) infinito, un lugar tan inmenso como no puede concebir la mente humana, donde la materia se encuentra tan dispersa que se puede decir que no hay tal materia, aunque la hubiera… Es muy complicado de entender, puesto que el infinito es un concepto inventado por el hombre para designar todo aquello que no alcanzamos a comprender con nuestra mente; que no podemos medir, estimar, o incluso hacer una idea mental del mismo. Es algo tan perfecto, tan inmenso, que no puede existir idea de ello en nosotros.

El mar esa noche estaba agitado, el vaivén del barco proporcionaba un balanceo que daba sensación de cosquilleo en el estómago. Permanecía tumbada, boca arriba, en mi cama. No podía dormir, me asaltaban terribles pesadillas que se confundían con la realidad, pesadillas en las que la nada me tragaba. Me despertaba sobresaltada y con sudor frío en mi frente. Al contrario que en otras ocasiones en las que había tenido pesadillas, no me desperté con la sensación de que el peligro ya había pasado. No tenía la sensación de que me encontraba a salvo. Era como si supiera a ciencia cierta que aquello iba a ocurrir de verdad. Me invadía una sensación de intranquilidad que torturaba mis nervios… que me impedía volverme a dormir.

Miré a mi compañera de camarote, dormía plácidamente; de hecho había caído en un plácido sueño enseguida, pues a los pocos minutos había intentado entablar conversación con ella y no obtuve respuesta. Me había quejado en voz alta: - Con este vaivén no hay quien duerma, ¿no?- Y me quedé esperando su respuesta, que no obtuve, pues dormía profundamente. Llegué a la conclusión de que el balanceo le había producido más sueño. Ahora la volvía a mirar. Nada. Y la envidié por poder dormir, y maldije el momento en que se me pudo ocurrir asomarme a la nada, y atormentar así mi mente y mi cordura.

En ese momento en el que me encontraba incorporada después de haber despertado sobresaltada de la pesadilla que se repetía una y otra vez, como anunciando un designio del destino, fue cuando percibí movimiento en el camarote contiguo; escuché pisadas, pues todo estaba en completo silencio. Eran pisadas firmes, a ritmo constante. Aquel camarote estaba ocupado por otras dos de mis compañeras de viaje. La curiosidad se despertó en mí, y tuve un grave presentimiento. Escuché como se acercaba cada vez más a la puerta, decididamente y sin vacilar. Mis oídos estaban completamente centrados en averiguar el siguiente paso de mi compañera. Cuando giró el picaporte y abrió la puerta, no dudé y salí de mi cama en su búsqueda. Le iba a preguntar a dónde se dirigía. Si no podía dormir, como yo, al menos nos haríamos compañía una a la otra y evitaría volver a caer en la misma pesadilla que me tenía aterrada.

Me apresuré a la puerta de mi camarote; iba en camisón, pero a las horas que eran no habría nadie merodeando por ahí. Abrí la puerta y asomé la cabeza para ver con cuál de mis dos compañeras compartiría una parte de mi noche. Era Carla. La vi avanzar por el pasillo con el mismo paso firme y rítmico. Sin salir de la habitación, con la intención de decirle que se viniera a hacerme compañía, la llamé en voz baja, para no molestar a ningún otro pasajero del barco. Pero no me contestó. Entonces salí y cerré la puerta con sigilo, dispuesta a ir detrás de ella y acompañarla a dondequiera que fuese. Corría hacia ella. - ¡Carla! ¡Carla!- insistí para que mi presencia no la asustara. Pero seguí sin obtener respuesta.

Un fatal presentimiento rondó mi mente. Carla era sonámbula. Debía despertar a las demás, yo sola no sabía cómo actuar en estas situaciones. Un despertar muy brusco y podría darle un ataque al corazón.

Me dirigí de nuevo hacia el camarote, volviéndome de vez en cuando para que Carla no desapareciera de mi vista. Giré el pomo, pero la puerta estaba cerrada, y no tenía la llave, me la había dejado dentro. Toqué con los nudillos y esperé respuesta. Silencio. Carla seguía avanzando por el pasillo. Volví a tocar, de manera insistente, susurrando que era yo, para que mi compañera no se asustara. Pero seguí sin obtener respuesta. Dirigí mi mirada en dirección al pasillo por el que Carla andaba… Pero ella ya no estaba allí.

En un momento de confusión, decidí que me las apañaría sola con Carla. No podía perder el tiempo llamando a las demás. Cuanto más esperara, más la perdería de vista; así que recorrí el pasillo tan rápido como pude. Iba descalza y la alfombra que cubría el suelo era áspera, molesta. El camisón semitransparente que llevaba, con la velocidad, se levantaba, dejando ver mi ropa interior. Pero eso ahora no importaba. Llegué al final del pasillo, allí me di cuenta que Carla podía haber tomado las escaleras o el ascensor, y tanto para subir como bajar. No me había parecido escuchar el ascensor. Tomaría las escaleras. Lo más lógico habría sido que descendiera puesto que resulta más fácil y eran las escaleras que estaban más cerca del pasillo. A la misma velocidad con la que había atravesado el pasillo, bajé las escaleras, mirando en cada piso a izquierda y derecha, a lo largo de todos los pasillos de los camarotes. Al menos –pensaba- mientras se encuentre en las plantas inferiores no puede pasarle nada.

El tiempo pasaba, y yo seguía buscando a Carla, cansada, con el pulso acelerado y la respiración agitada. Me aferré a la barandilla y miré hacia arriba. Vi una mano en la barandilla, muchos pisos más arriba. No sabría decir cuántos, en ese momento tampoco lo supe, no iba a perder el tiempo contándolos, mientras ella seguía subiendo. A toda prisa, tomé las escaleras de nuevo, esta vez en sentido ascendente, mirando que su mano siguiera sobre el pasamanos.

Sólo me separaban dos pisos de ella, su mano seguía en la barandilla. Un piso. Vuelvo a mirar, su mano ya no estaba. Un piso más. Aquí tendría que haberse parado, pero no la veía. Estábamos en la parte inferior de cubierta. Podía estar en cualquier parte. El peor de los presentimientos volvió a acosarme. Carla podía tropezarse, o incluso saltar la barandilla que separaba al barco de la inmensidad del mar, y perderse en su inmensa oscuridad. De pronto me quedé paralizada de horror. El recuerdo de la nada de la noche anterior torturaba mi subconsciente. Intenté no pensar en ello de nuevo.

¿Y a dónde debía ir ahora? Podía haberse ido por la izquierda o por la derecha. Estar sentada en medio del suelo, tendida, inmóvil. Pero podía haberse caído a la piscina que había en medio de cubierta, y estar ahogándose en este mismo instante. O estar a punto de tirarse por la borda. Sentí que mis fuerzas me dejaban, flaqueaban, pero intenté pensar que nada malo había ocurrido… aún. Salí por la derecha, miré a uno y otro lado, divisé la piscina, cercada por unos cristales reflectantes. Fui corriendo. Ella no estaba allí.
Volví a mirar a mi alrededor, pero no veía bien el exterior, los cristales reflejaban la luz de la luna, sólo dejando observar algunos rasgos de oscuridad de aquello que se situaba detrás de ellos. La oscuridad misma. A pesar de no ser creyente, rogué a Dios que ella no estuviera allí detrás. Miré hacia la cubierta superior, por si había subido, pero tampoco la vi. ¿Dónde podía estar? ¿Y si había tomado escaleras abajo mientras yo pensaba que se había quedado en este piso? Estaba completamente confusa y desesperada.

Un trueno estremecedor. La tormenta nos había alcanzado. El mar seguía embravecido como durante toda la noche, pero ahora la lluvia helada también bañaba la cubierta del barco. Relámpagos que daban la impresión de hacer aparecer figuras fantasmagóricas durante dos segundos, después… oscuridad otra vez.

Temía por Carla, la desesperanza de encontrarla me llevó a vigilar para que al menos no cayera por la borda.

Un relámpago, una visión… El pelo negro ondeante de Carla y su camisón blanco… en la barandilla del barco. Dejé de verla. Me dirigí con paso torpe y rápido, al lugar donde la había visto. El oleaje me hizo resbalar y caer hacia delante. Una mirada al lugar donde la había visto, aún no podía adivinar si había sido una visión producida por mi inconsciente, por mi mente cansada o si era real.

Un nuevo relámpago. Carla estaba ahí, con los brazos extendidos hacia los lados, como disfrutando del violento viento. Dejé de verla de nuevo. Me levanté lo más rápido que pude y seguí corriendo en su dirección. Mi respiración agitada, sudor frío por mi frente. El mal presentimiento hacía mella en mí cada vez con más inminencia. Una sensación de peligro, y de terror. Mientras seguía corriendo, el miedo volvió a tomar control sobre mí. Una imagen: la inmensa oscuridad tragándose a Carla. El miedo hizo que me temblaran las rodillas.

Ya casi estaba a una zancada de poder agarrarla del brazo. No veía nada, sólo la oscuridad. Tenía que vencer el miedo, tenía que salvar a Carla, pero no podía. Me flaquearon las fuerzas y caí de rodillas, como la primera vez, y como todas las demás. La oscuridad intentaba retarme, me incitaba a que superara mis miedos, y para ello intentaba llevarse la vida de Carla. Temía que un nuevo relámpago me revelara que ella ya no estuviera allí. El horror era insoportable. De un impulso, estando aún de rodillas, estiré un brazo y me así a la barandilla de cubierta. Miré hacia arriba, pude ver a Carla porque me encontraba muy cerca de ella. Sólo un movimiento más, y la tendría a salvo entre mis brazos. Fue entonces cuando el vaivén del barco se hizo más pronunciado. Carla perdió el equilibrio, un relámpago me reveló su cuerpo en el mismo instante en el que ella estaba suspendida en el aire a mi altura. Lo más rápido que pude, la así por entre los barrotes de la escotilla de su fino camisón mientras aún el terror me mantenía arrodillada ante su poder.

El camisón se me iba escurriendo, lo agarré también con la otra mano, pero no podría aguantar mucho, y menos de rodillas. Comencé a llorar. Sí, lloraba como una niña pequeña inmóvil y aterrorizada. Gritaba a la vez: ¡No! ¡Carla, no te caigas! ¡Despierta, por favor!... Lo único que podía hacer era sollozar.
- ¡Lo admito! ¡Tú ganas! ¡¡Tengo miedo!! –dije entre el llanto. Conforme el camisón de Carla se me iba escurriendo de mis manos temblorosas, y me daba cuenta de que no podría salvarla, mi llanto aumentaba de volumen. La locura había hecho presa de mí. La vida de Carla se me estaba escurriendo de las manos y no podía hacer nada. En un último acceso de valentía, saqué fuerzas de flaqueza y me incorporé, asiendo con más fuerza su camisón, las lágrimas me emborronaban la vista y el vaivén del barco me desestabilizaba…

Fue entonces cuando ocurrió, cuando resbalé. La barandilla del barco casi me parte el brazo. Al sentir dolor, en un acto reflejo, solté el camisón de Carla… y cayó en la inmensidad del océano, en aquella horrible inmensidad completamente negra e infinita. Mi desesperación fue infinita y el miedo por fin, consiguió vencerme. Tendida en el suelo, llorando… me sentía culpable de que mis miedos hubieran costado la muerte de Carla. Porque había sido por mi culpa, había sido tan estúpida como para dejarme vencer por un miedo irracional. ¡Una vida! Ni más ni menos que una vida se había cobrado “la nada” para demostrarme lo frágil que era. Yo que creía que no había nada que realmente me diera un miedo tan irracional como para no actuar en situación extrema, y ahora estaba vencida, y no había vuelta atrás, y Carla no iba a volver. ¿Qué iba a decir? No pude salvarla porque me dio miedo el mar, porque no lo veía, ni lo oía, porque la idea de que fuera infinito me aterraba. No podía aguantarlo. Las lágrimas brotaban de mis ojos y no me dejaban ver con claridad. Todo parecía irreal, y deseé que lo fuera.

Fue entonces cuando me percaté de que hacía frío, el viento de la tormenta era un viento helado, y empecé a temblar en espasmos violentos. Mis fuerzas estaban al mínimo, me sentí desfallecer… y todo se oscureció.

Me despertaron unas voces. Aún no veía nada, y casi no podía moverme. Me parecía escuchar desde la lejanía cómo alguien me llamaba. Su voz tenía un tono preocupado y urgente. Intenté contestar, pero mis labios no se movieron. Entre varias personas noté cómo me levantaban y me transportaban. Notaba el sol en mi cara, pero tenía mucho frío. Creo que volví a perder la conciencia, pero cuando volví a escuchar voces y a sentir la presencia de otras personas estaba en una bañera. El agua caliente me reconfortaba enormemente, aunque no conseguía aún aliviar el frío que mi cuerpo albergaba en su interior. Escuchaba a la gente comentar sobre mi estado: “Está congelada, quizás no sobreviva” “Es una hipotermia, no sé si habremos llegado a tiempo, no responde” Mi corazón latía débilmente, lo escuchaba y lo sentía palpitar en la cabeza, lo que me producía un terrible dolor. La sangre parecía que en este momento volviera a fluir de nuevo. Aún no era capaz de abrir los ojos, pero mis pensamientos empezaban a fluir, a recordar... y era doloroso. ¿Había podido salvarla? Necesitaba abrir los ojos, pronunciar lo que quería decir, saber qué había sido de mi compañera, aunque temiera la respuesta.

martes, 3 de noviembre de 2009

¿Por qué estudiar farmacia?

¿Por qué estudiar farmacia?

- Porque dormir más es vivir menos.
- Porque vaya por donde vaya solo veo virus,bacterias y parásitos.
- Porque he aprendido a mirar las plantas de otra manera.
- Porque puedo afirmar que el microscopio te deja vizco.
- Porque puedo ver enfermedad donde tú sólo ves malestar.
- Porque la vida son 4 días y a mi me sobran 3.
- Por haberme visto todos los capítulos de "Farmacia de Guardia".
- Porque soy masoquista, y me gusta que la gente me falten al respeto.
- Porque despues de las practicas de Botanica descubri que era alergico a las plantas.
- Porque no sabía qué hacer con mi tiempo libre.
- Porque no sabía donde me metía.
- Porque me van las preguntas tipo test,restando negativas,empezando a contar a partir de 10 aciertos y con aprobado a partir del 7.
- Porque el saber no ocupa lugar, y lo intento meter todo junto en mi cabeza.
- Porque mi madre me quiere en casa, durante muuuuuuucho tiempo.
- Para dejar la calle y conocer mas bibliotecas.
- Por amor humano.
- Porque yo lo valgo
- Porque el que vale, vale, y el que no pa ATS o magisterio.
- Porque nací pobre y quiero morir igual.
- Porque necesitaba saber cuánto alcohol puedo beber,cuantas paellas malas puedo ingerir y cuanto café puedo soportar.
- Porque el red bull es adictivo...
- Porque sé de enfermedades que no salen ni en "Urgencias";"Hospital >central,"House";"Anatomia de Grey" ni en "Expediente X"...
- Porque "La Botica de la Abuela" es el mejor programa del mundo.
- Porque los pacientes me lo agradecerán siempre...
- Porque la farmacia es un gran hermano, una casa de tu vida, un aventuras en africa, una granja de famosos y todo lo que le pongas.
- Porque...porque...¿¿¿¡¡¡POR QUÉ!!!??? ¿¿¿POR QUÉEEEE???
- Porque una vez leí que palmas a las 72 horas sin dormir…necesitaba comprobarlo.
- Porque me encanta cenar cuando veo amanecer...
- Porque la biblioteca tiene un olor "especial"
- Porque me encantan las fiestas de la uni... y sólo en esta carrera las puedo estar haciendo hasta que cumpla los 40.
- Porque en ninguna otra cafetería de facultad te llaman por tu nombre...
- Porque estoy más loco que cualquiera y lo quería demostrar
- Porque llevar gafas es de modernos y mirar microscopios durante 3 horas contribuye a ello.
- Porque dudaba entre farmacia o la legión.
- Porque me gusta aprobar las practicas y suspender la teoria.
- Porque la secretaria ya se conoce hasta mi fecha de nacimiento y ya no me deja cambiarme de carrera.
- Porque quería prácticas a todas horas, todos los días de la semana.
- Porque quería exámenes que me quitaran el hipo, y encontré exámenes que te quitan hasta lo bailao.
- Porque estudiar 500 folios en 2 semanas, es coser ycantar.
- Porque de algo hay que morir, y como no fumo...
- Porque el memo de mi cuñado era licenciado en biología.
- Porque no tenía vida social antes de entrar, así que me dije...vamos a conseguirla toda junta en la biblioteca.
- Porque soy una persona de costumbres y me encanta ver lo mismo en todas las asignaturas.
- Porque estoy esperando que me convaliden House, HC, Anatomia de Gray, Urgencias... como creditos de libre configuracion.
- Porque aqui las pinzas de depilar sirven para diseccionar plantas.
- Porque solo aqui con un boli Bic y con una aguja de coser sabemos hacer una aguja enmangada.
- Porque es emocionante tener Acido Sulfurico en tus manos y saber el peligro que corres.
- Porque de cada 100 palabras de mis apuntes solo 1 puede que 1 esté en mi vocabulario.
- Porque voy a tener condones gratis toda mi vida.
- Porque todos os acercareis a mi para preguntarme que es lo que podeis tomar.
- Porque los dias que me toque guardia haré mega-fiestas.
- Porque después de unos años seré biologo,quimico, fisiologo, botanico y medico de familia,aunque en el papelito solo pondrá Licenciado en Farmacia".
Y PORQUE NO?...

lunes, 26 de octubre de 2009

Conversación con un extraño

Voy a relataros mi historia ahora que me encuentro con capacidad de razonar sobre aquello que vi aquel día en el café “Réquiem”. Pero antes debo explicaros el porqué de mi acudida a ese lugar y el porqué de este porqué.

Pues bien, el café Réquiem es un lugar peculiar, no suele tener mucha clientela, pero sin embargo parece que prospera misteriosamente, y a este lugar acuden todo tipo de personas, pero todas con un rasgo común… silenciosas, como si no quisieran vivir más, deprimidas… como si la vida no tuviera sentido para ellas… incluso los dueños no parecen muy “llenos de vida”.

Aquel día sobre el que os voy a relatar me encontraba yo en ese estado descrito, deprimida y profundamente silenciosa, y cuando alguien está meditabundo, deprimido y silencioso, cualquier sitio le resulta profundamente irritante e insoportable… excepto el café Réquiem. Allí todos tenemos nuestros motivos para permanecer en el estado en que nos encontramos y nadie molesta a nadie, ni preguntan ni se interesan por tu estado, de tal forma que cada cual absorto en sus problemas y meditaciones se pasa el tiempo allí consigo mismo, consumiéndose en sus miserias y agobios, para resurgir de nuevo, o perecer allí. En el café no hay televisión, ni radio, ni música, ni billar… nadie lo usaría…

Habiendo descrito esto, ya puedo comenzar con el relato de lo sucedido. Me encontraba yo en una mesa, sola, con el único consuelo de mi taza de té humeante y reconfortante cuando hizo su aparición en el local un extraño ser encapuchado. Me refiero a él como “ser” porque no tuve oportunidad de advertir el más mínimo indicio de humanidad, ni siquiera masculinidad ni feminidad, un ser totalmente andrógino. Se sentó en la mesa de enfrente y pidió un café. Sentía su mirada fija en mí a pesar de que no advertía los rasgos de su cara. Pronto dejé de prestarle atención y seguí pensando en mi desdicha. Y esta desdicha era la inexistencia de motivación para la vida; había comprendido que nunca sería feliz, pues la felicidad nunca es pura como nosotros la imaginamos, siempre hay algo que por inercia vuelve hacia ti y arruina cada haz de luz que consigues divisar cuando eres feliz. Se dice que nadie es perfecto, pero deberíamos añadir que “nada” es perfecto tampoco. Yo había ganado el mayor puesto de trabajo al que pudiera haber aspirado en vida, y también poseía más dinero del que alcancé haber imaginado en mi juventud, y había conseguido el éxito con mis libros y mi música, pero fue entonces cuando ocurrió, como si lo hubiera producido un latigazo del destino… perdí a mis amigos y mi familia. No se exactamente cómo ocurrió, supongo que fruto del éxito, saltaron habladurías sobre mí, rumores… y jamás quisieron volver a verme. Empecé a pensar que no los necesitaba, que ya encontraría a otros, y yo sola me bastaba; pero no fue así. Al cabo de unos días sentí un vacío irremplazable, me sentí sola, salía a la calle, iba a distintos lugares concurridos con la intención de sentirme arropada, pero lo único que hacía era sentirme más sola aún. Después de unos días ese sentimiento se transformó en una ira irrefrenable, gritaba dentro de mi propia casa, arrojaba todo tipo de objetos contra el suelo y las paredes, pero enseguida acabé llorando desconsoladamente. Y finalmente me sobrevino un estado de sopor, como si todo lo de mi alrededor fuera un sueño, no fuese real… y yo tampoco.

En ese estado me encontraba en el momento de mi relato, intentando evitar la mirada de aquel ser, a pesar de que él no hiciera lo mismo… Le trajeron el café, pero no lo bebió, lo agarró con delicadeza, se levantó y sentó a mi mesa, enfrente de mí.
Nunca había visto a alguien como él, pero no sentí rechazo cuando tomó asiento, incluso puedo decir que quizás atracción, interés… consuelo. Fue entonces cuando habló:

- ¿Por qué estás aquí?
- Digamos que he ganado lo que quería, pero he perdido todo lo que amaba –le contesté-. ¿Y tú por qué estás aquí?
- Digamos que vengo por aquí a menudo –me dijo.

“Imposible”, pensé, “no creo que nadie soporte estar aquí mucho tiempo, a no ser que no tenga otro lugar en el que sentirse bien, y él no parece muy triste… ¿Por qué me atrae tanto? ¿Quién es este extraño y por qué deseo saber más de él?”

- ¿Y qué te trae por aquí? –quise saber.
- Sólo quería hablar… contigo, hablarte… sobre mi mundo.

Medité un segundo. No tenía la menor idea de por qué me conocía, y tampoco sabía el motivo de que quisiera hablar conmigo, la gente normalmente evita el contacto con los que parecen tristes. En esta sociedad, para ser tratado debidamente, tienes que sonreír aunque no estés alegre, debes aparentarlo. Intrigada por su respuesta, le seguí preguntando:

- Pero… ¿tú me conoces? ¿Qué sabes de mí? ¿Te conozco? ¿Quién eres?... ¿Cuál es ese mundo sobre el que hablas?
- ¿Por qué todos me preguntáis lo mismo? –dijo divertido-. Veamos, no se más de ti de lo que tú sabes de mí, y esto es que existo. Tú sabes que existo, y yo lo se de ti. Pero no te conozco, ni tú a mi tampoco, a no ser que vengas a mi mundo, entonces tus preguntas desaparecerán.
- Aún no me has dicho cuál es el mundo que dices.
- Paciencia. Veo que no crees mis palabras. Lo se, para ti sólo existe un mundo, pero cambiarias de idea si vinieras conmigo… ¿aceptas?
- No estoy muy segura, cuando te encuentras en mi estado no confías en nadie, ni siquiera me apetece viajar, y dudo que “tu mundo” me sorprenda. Háblame de él.
- Bien, por ejemplo… en mi mundo no hay discriminaciones, todos los habitantes son tratados de igual manera.
- Vaya… interesante, pero no me vas a impresionar sólo con eso.
- Lo se, sólo dejo que reflexiones sobre cada argumento que te doy. En mi mundo… reina la verdadera paz y la absoluta tranquilidad.
- Oh, vaya, pues en mi mundo la paz es imposible, y no existe el silencio absoluto. Tiene que ser aburrido tu mundo, ¿no?
- Ahora que lo comentas… un poco, pero la gente suele quedarse eternidades allí… -volvió a comentar como si con la conversación se estuviera divirtiendo sobremanera-. Además, apuesto a que te encuentras allí con alguien conocido.
- Ah, ¿y podré encontrar a mi familia y a los amigos que no me hablan?
- No, pero encontrarás a otros…
- Ni lo sueñes. Mira lo que te digo… en mi mundo hay discriminación, marginación, injusticia, pero hay alegría, risa, emoción, amistad… amor.
- Cualquiera lo diría viéndote a ti… En fin, contra eso no puedo competir, los sentimientos no son lo que se dice muy frecuentes en mi mundo –dijo, bajando la cabeza.

No contesté. En realidad no entendí muy bien lo que quiso decir, ni siquiera encontraba mucho sentido a esta conversación, pero no le di importancia. Me puse a pensar que por nada del mundo dejaría el lugar donde vivo, el lugar donde crecí y el lugar donde quería morir, con mis amigos y mi familia. El extraño ser pareció adivinar mis pensamientos y dijo:

- Entiendo, pero como bien sabes, no permanecerás en este mundo eternamente… en mi mundo podrás estar todo el tiempo que quieras. Pero aquí, cuando llegue tu hora no tendrás elección. Yo te doy ahora la opción de venir conmigo, no tener que esperar más.

“No tendré elección”. Seguí pensando en esas palabras y en todo lo que decía. “¿Por qué no iba a querer esperar? ¿Acaso quería desaparecer tan pronto?” Me sorprendió sobremanera formularme estas preguntas, era divertido, puesto que más parecían preguntas de alguien que estuviera replanteándose un… suicidio.

En ese instante, palidecí, y el extraño lo notó. Como antes, pareció conocer mis pensamientos y dijo:

- Veo que has descubierto la esencia del asunto que he venido a tratar contigo. Creo que ya has averiguado quién soy, y te das cuenta de que no sabes nada de mí excepto lo que te acabo de contar, los únicos que lo saben están en mi mundo, son aquellos que has perdido alguna vez, y que sólo volverás a ver cuando vengas conmigo, aunque si lo prefieres siempre puedes visitarles antes…
- ¡NO! –me levanté de un salto de la silla, aunque nadie pareció darse cuenta de mi reacción-. No quiero ir contigo, y no lo haré hasta que no me quede otro remedio, porque quiero vivir, quiero recuperar a mi familia y a mis amigos, quiero escuchar el mar, y sentir el viento, ver toda la belleza natural y artificial creada por la humanidad, deleitarme con ella y aprender muchas cosas.

Volví a sentarme más relajada, y vi que el extraño ser llevaba un colgante con un Ankh egipcio, símbolo milenario de la inmortalidad, y comprendí que me encontraba de verdad hablando con quien acababa de imaginarme. Ya no me atraía su presencia, deseaba resistirme a él, deseé que se marchara…

- Bien, veo que ya no me necesitas –dijo, levantándose-. Has aclarado tus ideas, tomado una decisión, y yo ya no tengo ningún deber contigo… Nos volveremos a ver... seguro –se despidió.

Le vi sentarse en otra mesa con otro cliente, hablar con él un buen rato, y les vi marcharse a ambos, finalmente, cogidos de la mano. “Buen viaje” –susurré, sabía que lo escucharía, y vi como se giró y me pareció advertir una sonrisa debajo de su misteriosa capucha.

Después de meditar un rato, me parecía estúpido seguir permaneciendo en aquel café, sola, perdiendo el tiempo. Así que me levanté, pagué en la barra el té que me había tomado, y con ello no me di cuenta de que estaba sonriendo, y la camarera me devolvió la sonrisa, y nuestras dos sonrisas habían sido las más sinceras del mundo. Sin saber por qué supe que la camarera también había conocido a aquel ser tan extraño al que en este mundo llamamos “muerte”, y se alegró por mi felicidad. Supe que ella también estuvo al borde de marcharse, pero se negó, como yo. Pronto sentí una extraña confianza en la camarera, al compartir aquella experiencia tan íntima con ella.

En cuanto salí del café, ya no me sentía desgraciada, ni deprimida, ni silenciosa. Volví a escuchar el canto de los pájaros, tan bello… a sentir el viento azotando suavemente mi piel, traía unos aromas tan embriagadores… y por último contemplé un edificio antiguo camuflado entre los demás edificios bajos de dos o tres pisos de la zona. Era un edificio de estilo victoriano, muy elegante y antiguo, y me asombró su belleza, y cómo fui tan enormemente cautivada por su sutil elegancia. En su balcón había un cartel rotulado con un número de teléfono en el que se podía leer: “Se vende”. Aquél sería mi hogar en adelante, porque su belleza tan arrebatadora me producía una sensación de equilibrio interior.

Cuando llegué al lugar donde solía residir, cogí el teléfono y llamé a mis amigos y a mi familia. Hablé con ellos sobre los rumores que corrían, que nos habían separado, los desmentí por completo, me sinceré del todo, abrí mi corazón y mis sentimientos a ellos... y todo volvió a ser como antes. La sinceridad con la que había abierto mi alma para suplicarles disculpas por el malentendido fue tan pura, que no dudaron de mi verdad.

En ese momento pude divisar la felicidad absoluta, aunque no por mucho tiempo. Como comenté unas páginas atrás, no podemos ser completamente felices. Fue entonces cuando aconteció lo siguiente. Recibí una llamada del banco, se había producido un robo, había sido víctima de una estafa, y mi dinero despareció. Me cabreé un poco, pero me importó lo suficiente como para hundirme de nuevo, pues tenía trabajo, y a mi familia y mis amigos, eso era lo que más quería. Mi nuevo hogar en el edificio victoriano tendría que esperar un tiempo. ¿Y qué más da eso ahora?

Esta es la historia de aquel día que supuso un punto de inflexión. La vida se compone de malos y buenos momentos, pero existe un equilibrio que impide que alguien sea completamente feliz o infeliz, puesto que la realidad se detendría en ese caso. No puedo cabrearme, ahora que he comprendido esto. He pasado el túnel oscuro y he vuelto a ver la luz, pero la luz produce sombras, al igual que el túnel al estar abierto, posee una oscuridad relativa. Porque no hay luz sin oscuridad… porque necesitamos ambas para proseguir, y ambas nos enseñan a seguir, a continuar, a no rendirnos. Ya sabes lo que dicen: Después de la tormenta viene la calma.


jueves, 8 de octubre de 2009

Cartas Inmortales II - Sentido de la vida, objetivos y motivaciones



Hola de nuevo, querido compañero eterno:

Veamos, ahora voy a responder a la primera… Esta me ha costado más, porque aunque extraño, nunca me había planteado algo así. Para mí, levantarme al anochecer y afrontar una tediosa noche más no me requiere pensar qué es lo que me impulsa a seguir otro día. Es algo sistemático. La pregunta se puede afrontar de varias maneras. Puedo hablar del sentido de la vida, de mis objetivos o de mis motivaciones. Puesto que todo eso es lo que guía mis pasos cada día que pasa. Necesito que mi vida tenga sentido para continuar, necesito unos objetivos que cumplir y unas motivaciones para cumplir dichos objetivos, lo que daría más sentido a mi vida. Así que es un cúmulo de cosas relacionadas entre sí.

Pues bien… veamos. Es difícil hablar sobre el sentido de la vida, ya que cada uno tiene el suyo propio y personal. Ciertamente, a mi me daría igual si un día no me despertara… se acabaría todo y punto, creo que he vivido lo suficiente, no me lamentaría. Además, no temo a la muerte, así que el miedo no es el sentimiento que dirige mis pasos. Pero si pudiera elegir, querría quedarme, porque aún me queda mucha “vida”, o mejor dicho, mucha inmortalidad por recorrer, muchos momentos que disfrutar, cosas nuevas que descubrir, sensaciones, sentimientos que vivir. Y una de las razones para querer quedarme son las personas a las que estoy ligada, pues comparto mi inmortalidad con gente especial para mí, seres como yo a los que verdaderamente amo, o mortales que me acompañan y regalan el tiempo de su vida, lo más valioso que tienen. Y yo los protejo, porque también los amo. Los pequeños momentos de felicidad, de risa, de bienestar, o incluso los momentos de tristeza, son con las personas hacia las cuales siento que estoy unida. El secreto de mi inmortalidad reside en que tengo con quien compartirla. Esta unión es más fuerte o menos según la persona, y es de diferente tipo con cada uno, pero existe. Y es lo que los humanos llaman amistad. Creo, para mí al menos, que la amistad es un tipo de amor, y es así como yo lo veo, ya que es muy valioso. Para mí estos seres ocupan un lugar preferente en mi vida. Uno de mis objetivos es ser lo más feliz que pueda, y mis seres queridos (entre los que estas tú, aunque hable en tercera persona xD) consiguen sentir que estoy aprovechando mi inmortalidad y disfrutándola al máximo en lugar de amargarme, marchitarme y deteriorarme con el tiempo. Ahora bien, la unión más fuerte entre dos personas es el amor, el que todos conocemos con dicho nombre. Ese sentimiento que todos anhelamos en la vida y que nos aporta tanto grandes momentos de algo muy parecido a la felicidad completa, como momentos del mayor dolor interno jamás imaginado. Aún así, el amor, es tan necesario para la vida… ¿Cómo si no podríamos vivir en nuestra reducida sociedad si no nos amáramos? Acabaríamos matándonos todos o muriéndonos de aburrimiento y soledad. Bueno, pues el amor en cualquiera de sus formas es algo tan grande que merece ser aquello por lo que te despiertas cada día. Saber que hay seres a quienes les importas, que si desaparecieras no simplemente vas a ser olvidado, que ocupas el corazón de alguien.

Pero también encuentro el sentido para seguir adelante en mi progreso y evolución personal, en conseguir avanzar, lograr lo que me propongo. Hacer de mi inmortalidad no sólo algo llevadero simplemente, sino también enriquecedor. Esforzarme por comprender todo lo que ocurre a mi alrededor, y ver recompensado mi esfuerzo. Entender el mundo en el que me ha tocado vivir tantos y tantos incansables años e infatigables noches eternas. También dejarme embriagar por la belleza natural o creada por el hombre, lo que es el arte en cualquiera de sus manifestaciones, e incluso tratar de crear tu propio arte, tu propia belleza artificial pero sobrecogedora. Es por eso que me gusta la música, el teatro, la lectura, la pintura, la fotografía, la danza…Es por ello que anhelo encontrar mi vía de escape escribiendo, o intentando componer con conocimientos muy básicos de guitarra, cantando y llevando al límite mi voz con el canto lírico, en mi vida mortal me apunté a teatro el escaso tiempo como para representar algún papel secundario, intento aprender retoque fotográfico con photoshop, aunque me cuesta horrores entender el programilla dichoso (estas tecnologías de hoy en día…) y aprendí lo básico de danza oriental, con intención de especializarme en tribal fusion, una rama que está naciendo y evolucionando, aunque en España aún no se ha extendido mucho… y que me encanta. Excepto la pintura, que nunca se me ha dado del todo bien, tengo tantas opciones y tantos campos por explorar que me quedo en lo básico de cada uno. Pero cada pequeña muestra de arte en cualquiera de estas modalidades me produce una satisfacción interior que no podría describir con palabras. Es como si pudiera capturar o producir parte de la belleza del mundo. Pero pienso que estaría mejor centrarse en una cosa en concreto, pero no puedo decidirme. Aunque claro, por qué decidirse si tienes una eternidad para hacerlo todo. Pero los siglos avanzan, y si yo no avanzo en mis artes me quedaré estancada y no podré progresar más.

Pues la satisfacción de producir o contemplar belleza, junto con la de comprender y entender todo cuanto puedo del mundo que me rodea es la motivación que me hace seguir esforzándome en ello, para lograr estos objetivos y así seguir alcanzando la mayor felicidad posible. ¿Qué hacemos sino en nuestra vida que intentar avanzar, sin percatarnos incluso, en el camino hacia la mayor felicidad alcanzable? Nadie es tan idiota como para perseguir la infelicidad, vamos, aun no se de nadie que lo haga…

Y eso es todo. Mi alma y los cimientos de mi inmortalidad están aquí expuestos. No sé lo que pensarás de ellos, ni con lo que estarás de acuerdo y lo que no, pero yo sólo los he expuesto, piensa lo que quieras y contesta, o no lo hagas. Aún en nuestra inmortalidad, tenemos la posibilidad de libre elección que algunos no tuvimos en el momento más importante que cambiaría nuestras vidas… para acabar con ella y a la vez alargarla. No-vida, no-muerte, sólo maldición eterna…

Mis sinceros desos para ti,

Lady Morgane