lunes, 7 de diciembre de 2015

"Intensita"

 Hace (eones) años que no escribo. No escribo como antes. Lo achacaba a la falta de tiempo y de eso que se suele llamar “inspiración”. A ver, tengo que ser completamente sincera. Lo único que he escrito son resúmenes de formaciones que recibí durante el año que estuve en la farmacia. Aburridos, planos, científicos, esquemáticos. Ya sabéis, lo que implica la palabra informe

Luego ya con tinte más relajado, he escrito en el blog profesional. Ese que me he hecho a modo de marca personal, siguiendo las nuevas tendencias que dicen que hay que ser visible en redes sociales no solo en profesiones relacionadas con la comunicación, sino en este caso, también para las profesiones sanitarias. Pero al fin y al cabo, seguía siendo otro artículo de índole laboral. Que a ver, está bien… Y para escribir sobre salud o ciencia no hace falta ser buen literato, sólo usar las palabras adecuadas según el público (más o menos tecnicismos) y usar un par de buenos conectores de párrafos. Hacerlo ameno, entretenido, esquematizado, breve y con información útil. Si la información es buena y está expuesta de manera clara, no hay criterio subjetivo. Puedes decir que has hecho una buena entrada de blog. Pues bien, aún así, resulta que el estilo expositivo no es mi fuerte. Supongo que aún tengo que perfeccionarlo. Pero dentro de mí, me repugna quedarme en la superficie y no ser yo la que habla. No es mi voz, es información casi despersonalizada -si acaso este término existe-.


Lo siento, sigo hablando de mí: Debo admitir que mi prosa es más intimista. No puedo evitarlo. Tienen que haber tintes autobiográficos, intensos y egocéntricos en mis escritos. Esto no es ni bueno ni malo, supongo. Simplemente, es mi voz. Soy lo suficientemente narcisista como para pensar que hablar de mí puede tener alguna importancia, y para sentirme liberada exponiéndome a los demás de esta forma, en vez de caer en la ficción. Eso no me libra de auto-juzgarme duramente, como tiendo a hacerlo en la vida real. Digamos entonces que mi narcisismo no cae en la idolatría.


Bueno, y ayer me di cuenta -realmente es esto lo que me ha llevado a escribir- que dejé la escritura porque se me pasó el drama. Sí, así de sencillo. Es decir, se me pasó la adolescencia, como a todos o casi todos, supongo. Y no habiendo razón para dramatizar, me resulta superficial y poco estiloso escribir sobre banalidades y ¿alegrías?. Ni siquiera se me ocurre alguien a quien le haya quedado bien escribir sin tener algún tinte de tormento. Me parece asquerosamente falso ir de “intensita” por la vida, haciendo drama de cualquier reflexión pseudoexistencialista cuando no, no tiene profundidad ninguna. Y lo sé, y el lector lo sabe. Es más, quizá haya gente que podría tener la capacidad de usar el drama autobiográficamente de verdad y seguramente no lo hace. Hacia dónde me creo que voy yo diciendo que mi vida es una mierda cuando no tengo ni idea de lo dura que puede ser la vida para alguien. De hecho, miro hacia mi interior y sé que mi vida no es una mierda.


A propósito de esto leí el término de “intensitos” por internet en un artículo de opinión que criticaba esta nueva oleada de jóvenes atormentados y autoproclamados “enfants terribles” del siglo XXI cuyo mayor drama es quedarse sin datos para subir su dramático foto con filtro Valencia a Instagram junto a un haiku igual de dramático. Oh, qué incomprendidos son. Cuántos corazones rotos (ni que fueran los primeros en la historia). Qué sociedad tan cruel que les excluye del mercado laboral. Una sociedad que te dijo: Estudia lo que te guste y podrás trabajar de lo que te haga feliz. Y nos mintieron. Nos infantilizan y no nos dejan hacer carrera laboral por miedo a que nuestra falta de experiencia lleve al traste los proyectos ya asentados. Ay de nosotros, que creíamos que tras estudiar íbamos a salir a comernos el mundo y resulta que la experiencia no está en los libros y que encontrar un puesto laboral tras estudiar periodismo y bellas artes es como ir tras el santo grial.


Para compensar, mientras, bebemos los fines de semana y pasamos nuestro rato viendo series y leyendo tuits. Estamos dejando de actuar y alienándonos, convenciéndonos con los argumentos que nos han repetido hasta la saciedad de que los mayores tienen razón y que nosotros no sabemos pensar. Sí y no. No sabemos pensar porque la era de la información nos lo da todo y nos da tanto que no podemos digerirlo ni hacernos una opinión propia (y qué decir de desarrollarla argumentativamente). Y sí que podemos porque internamente tenemos las capacidades y el potencial de salir ahí y explotar, triunfar y de aprender a un ritmo más que suficiente como para superar a nuestros predecesores en unos 5 años. Pero no, nosotros a malgastar nuestro tiempo escribiendo tuits graciosos, leyendo sólo los titulares de las noticias y venga a actualizar timelines de redes sociales para deslizar con nuestro dedo la pantalla frenéticamente como si no tuviéramos otra cosa en la vida.

Pero claro, de pronto, qué intensos somos, qué malo es el mundo. Me he leído a Rimbaud, mira qué poeta soy y cómo hago verso libre tabulando los párrafos progresivamente haciendo formitas porque soy muy contemporáneo y nadie entiende lo profundo de mi arte...


En fin. Es ilícito usar el drama para esto. Y eso es lo que siento yo. Si me dejara llevar podría seguir escribiendo en mi línea de antes. Sin embargo, en vez de parecer una adolescente rebelde, parecería una ridícula hipster gafapasta dentro del subgénero antes mencionado de “intensita”. Pero me alegro de haberme formado una capacidad autocrítica y un pensamiento amplio que me evite caer en lo que no quiero ser. Aún así, es difícil nadar contra corriente. Es muy complicado encontrar tu propia voz sin odiarte porque por mucho que me empeñe en despreciar a esos, yo soy de su misma generación y mis vivencias, tan similares a las suyas, no me van a llevar a otro output que uno del mismo estilo al que critico, a ese victimismo ilícito. ¡Porque las circunstancias personales son, si no las mismas, similares!


Sin embargo, siempre vuelvo, vuelvo a mí. Porque resulta que he caído, que ya no leo como antes. La era digital ha acabado con mis hábitos de lectura. Con mis hábitos de escritura. El individualismo me lleva a tomar como centro mi propio yo... No puedo hacer ficción. Puedo hacer diario, o autobiografía. Y como no emplee la mentira o la exageración… No tengo nada profundo que contar que merezca la pena ser contado.

Esa es mi vida.


lunes, 12 de octubre de 2015

Emulador Game Boy para Android

Hace una semana más o menos, me dieron la idea de empezar una sección sobre tecnología en el blog, explicando apps útiles, otras no tanto, curiosidades... No soy ninguna experta en la materia, pero me voy a animar a contaros algunas cosillas a los curiosos.

El tema de hoy nos remonta a la era de las consolas. El reinado de Nintendo. Las game boys y ese mundo vintage. Con móviles tan grandes como los que hay ahora, emular una GB color o advance (en horizontal) es todo un ejercicio de nostalgia y felicidad. Jugar a los juegos que siempre habíamos querido y nunca pudimos comprar. No tener que cargar con un cacharro consola para tener horas y horas de diversión... Lo hicimos en ordenadores, ahora lo podemos hacer desde nuestros Android.


En resumen: La app de hoy se llama "John GBA Lite".
Podéis encontrarla por ese nombre en la PlayStore de Android. Creo que hay versión de pago y gratis. La gratis tiene anuncios, pero simplemente quitando la conexión wifi y los datos solucionamos este contratiempo (para aquellos a los que les moleste). Por lo demás, es completa, no ocupa mucho espacio y va rápida.

Por mi experiencia con ella, no da ningún fallo y cumple con su cometido como se espera. No tiene lag, no falla en el guardado de datos, etc. Habrá muchos otros emuladores buenos, pero ante la gran avalancha y saturación de apps similares, he de decir que yo he probado este, me funciona, y no tengo necesidad de seguir probando más. A veces menos es más, no necesitamos probarlo todo para elegir si sabemos lo que queremos.

Yo he estado jugando a Pokémon Esmeralda, ya que los juegos de Pokemon guardan su lugar en mi corasonsito como juegos que han marcado mi infancia. Al ser tan largos, recuerdo largas jornadas de juego ilimitado, y quería recuperarlo.



Cómo jugar: Lo primero es buscar en internet los juegos. En formato comprimido .zip me vale. Buscamos, bajamos y guardamos en nuestro móvil. No importa dónde, el emulador lo encuentra. Como método organizativo sí que podéis crear una carpeta que se llame Juegos o algo así para no tenerlo todo desordenado.

Y ahora sólo queda abrir el emulador, abrir el juego deseado y jugar. Para guardar partida, aconsejo hacer un doble guardado: desde dentro del mismo juego, y desde el disquito que aparece arriba a la izquierda, que guarda en un slot el estado actual. Siempre lo he hecho así para no perder nada. Y desconozco según el juego, si alguno se vería afectado de no hacerlo de las dos formas.

El slot del que hablo es el que nos va a permitir retroceder a un momento del juego para evitar que "nos maten", o intentar algo seguidas veces sin perder nada.

Y sin nada más que añadir; ahí os dejo a vuestra libertad. Ya podéis jugar con vuestra moderna versión de consola vintage :D

(Si queréis el Pokémon Esmeralda, pedidlo y se os dará. No lo pongo para no hacer apología a las descargas ilícitas.)

jueves, 19 de marzo de 2015

"To The Muse" by Aleksandr Blok

In your hidden memories
There are fatal tidings of doom...
A curse on sacred traditions,
A desecration of happiness;

And a power so alluring
That I am ready to repeat the rumour
That you have brought angels down from heaven,
Enticing them with your beauty...

And when you mock at faith,
That pale, greyish-purple halo
Which I once saw before
Suddenly begins to shine above you.

Are you evil or good? You are altogether from another world
They say strange things about you
For some you are the Muse and a miracle.
For me you are torment and hell.

I do not know why in the hour of dawn,
When no strength was left to me,
I did not perish, but caught sight of your face
And begged you to comfort me.

I wanted us to be enemies;
Why then did you make me a present
Of a flowery meadow and of the starry firmament --
The whole curse of your beauty?

Your fearful caresses were more treacherous
Than the northern night,
More intoxicating than the golden champagne of Aï,
Briefer than a gypsy woman's love...

And there was a fatal pleasure
In trampling on cherished and holy things;
And this passion, bitter as wormwood,
Was a frenzied delight for the heart!

--Aleksander Blok


(TRADUCCIÓN -que al final he acabado haciendo yo, porque viendo lo que había por ahí...-)

Hay en tus recuerdos ocultos
fatales noticias de la perdición...
Una maldición de las tradiciones sagradas,
una profanación de la felicidad.

Hay en ti un poder tan fascinante
que estoy dispuesto también a acusarte
de hacer descender a los ángeles del cielo
seduciéndolos con tu belleza.

Y cuando te burlas de la fe
ese pálido halo, púrpura y gris,
que ya antes había visto una vez,
de pronto empieza a brillar sobre ti.

¿Malvada o bondadosa? Toda tú eres de otro mundo,
y dicen cosas extrañas sobre ti:
Para unos eres Musa y milagro,
para mí eres el tormento y el infierno.

No sé por qué, al amanecer,
cuando no me quedaba fuerza alguna,
no perecí, sino que alcancé a ver tu rosto
y rogué que me consolaras.

Desearía que fuéramos enemigos.
¿Por qué entonces me regalas
un prado de flores, el firmamento estrellado --
la entera maldición de tu belleza?

Tus temerosas caricias eran más traicioneras,
que la noche del Norte,
más embriagadoras que el dorado vino de Aï,
más breves que el amor de una gitana...

Y residía un placer mortal
en pisotear cosas apreciadas y sagradas.
Y esta pasión, amarga como el ajenjo,
fue una frenética delicia para el corazón.

martes, 9 de diciembre de 2014

Nuevos rumbos

Empezamos con una buena noticia: ¡Mañana empiezo a trabajar en Farmacia Comunitaria! Estoy contenta de poder trabajar en lo mío, aunque de momento sea un contrato de prácticas de 1 año, pero me hace mucha ilusión empezar.
Como con todo lo desconocido o nuevo, también tengo miedo de no adaptarme, de hacerlo mal, de no estar a la altura... Pero yo voy a dar todo lo que pueda de mí misma y a esforzarme al máximo.

Respecto a esto, tengo un proyecto que llevo rumiando un tiempo. Es un blog profesional en el que hablar sobre temas de salud, para poder compartir con pacientes y otros profesionales.
Se llama "Con i de ibuprofeno". Hace referencia a mi nombre, que se escribe con "i" latina, a pesar de lo que la gran mayoría de la población mundial se empeña en demostrarme. Me ha parecido gracioso utilizar este juego de palabras (y también regla mnemotécnica para todo aquel que me acabe leyendo) de la particularidad gráfica de mi nombre. Además, me he abierto a juego una cuenta nueva de Twitter, ya que he visto que hay una gran cantidad de profesionales del sector que se encuentran manteniendo conversaciones muy interesantes sobre nuestro ámbito profesional en dicha red social. Voy a intentar formar parte de eso, aportar todo lo que pueda y aprender muchísimo más de todos estos profesionales.

Luego está el tema de la danza, que voy a tener que dejar de lado un tiempo. Bueno, dejar de lado entre comillas porque no voy a poder separarme de ella tan fácilmente (¡ni quiero!). Primero porque este sábado 13 tengo el inicio de un curso sobre creación de un espectáculo, que valoraré si apuntarme debido a que a las sesiones que se realicen por las mañanas no voy a poder asistir. Veremos. Y esa misma noche, también, bailo por segunda vez en solitario en la tetería "D Té n Té" en el Centro Comercial Torregolf, en San Juan. No sé cuándo voy a tener tiempo de preparar las piezas, pero espero que salga muy bien, y todos los que os animéis a venir lo disfrutéis mucho.


Y por último, mis lecturas me han llevado de manera azarosa a Anaïs Nin, y ahora mismo estoy resonando con sus palabras, con su historia, sintiéndome identificada con su personalidad y acrecentando mi amor por la literatura. "Henry y June" es un libro que ha aparecido en el momento que debía y por ello, creo que estoy disfrutándolo intensamente. ¿No os ha pasado que a veces una lectura llega en unas circunstancias en las que pensáis que no podía haber llegado en otra mejor? Esa sensación de comprender lo que el autor quiere decir, de sintonizar con sus pensamientos porque también son los vuestros y resonar muy profundamente de tu alma... Pues esa sensación tengo ahora mismo, después de tiempo sin que me ocurriera. Definitivamente voy a seguir leyendo más de esta autora, sobre todo los diarios, en los que me adentraré cuando pueda sacar tiempo.

Espero no tardar muchos años en actualizar ahora, pero sí que va a pasar un tiempo hasta que vuelva a contar con vosotros. Intentaré llevar un poco más el blog nuevo, pero no quiero olvidarme de éste, de mis cosas, mis lecturas, mis danzas...

Buenas lunas a todos.

martes, 2 de diciembre de 2014

Feedback sobre "Retrograde"

Retrograde es una de mis coreografías cuyo título se debe a la canción homónima de James Blake. Es de la que hablé hace unas cuantas entradas y la que más veces he defendido en un escenario. Propia, claro. En concreto, han sido tres veces. Como yo, esta coreografía ha ido evolucionando en su intención y contenido. En su momento, se basaba en un guión emocional, que voy a exponer para que se complete el proceso de feedback de la obra. No tendría por qué hacerlo, pero me parece que la danza no es un arte fácilmente comprendible, por lo que sólo facilito un poco más la transmisión de la información. Y sólo un poco porque el guión emocional es muy abstracto y se basa en conceptos, expresiones o sensaciones que sintonizan con el estado mental que yo consideraba que la coreografía debía mostrar en cierto momento.

Orígenes

En su origen, pude terminar a tiempo la coreografía (lo cual para quién me conozca sabrá que ya de por sí es todo un logro). Esto contribuyó a generar esa sensación de coherencia y unidad a la obra que me hace no sentirme rara respecto a ella y que en cierto modo, me guste.
Las sensaciones que describí en un principio no me pertenecían. Es una canción muy densa emocionalmente, con mucho insight y la veo un poco como un grito de socorro desde el fondo de un pozo. En el momento de crearla, yo no me encontraba así para nada. Eso sí, simpatizo mucho con emociones límite como estas y puedo jugar con ellas como si fueran mías.

En principio estuvo inspirada por el vídeo de Violet Scrap en el que la bailaba. Algún guiño a su estilo sí que hay, pero es completamente diferente y totalmente mía. Y la progresión emocional va así:

00:00 - 00:24 introducción muy lenta - Vagamos sin sentido, no nos mantenemos en pie apenas.

00:25 - 00:47 empiezan los golpes de música - Tomar consciencia del cuerpo, entorno y circunstancias. De alguna manera empezar a sufrir.

00:48 - 01:13 Estrofa - Nostalgia de tiempos pasados mejores. Sonrisa forzada. No queremos aceptarlo, no podemos. Suplicamos un poco.

01:14 - 01:37 Away - Más fuerza, enséñame que eres fuerte. Estamos enfadadas. Intentar sacar fuerzas de flaqueza, tristeza, frustración, dolor.

01:38 - 02:03 Apogeo - Locura, el dolor nos vuelve vulnerables, y lo tenemos que sacar. Necesitamos mostrarlo. Desesperación, estamos perdidas. Lloramos.

02:04 - 02:26 - Después de caer sólo podemos subir. Empezamos a mirar hacia delante, con lágrimas en los ojos. No nos queda otra, hay que canalizar y enfrentar al problema. Vuelve a agitarnos la vida como un soplo sutil. We're alone now. La presión es fuerte, nos volvemos locas. Revolución, CAMBIO interno.

02:27 - 02:52 - Paramos la presión, y giramos para liberarnos, hemos vislumbrado el camino. Respiramos. Tenemos que luchar! Y no, no va a volver, nada será igual. Así que vamos a enseñarnos a vivir a partir de ahora. Respiramos.

02:53 - Final - Todo frena. Estamos caminando aunque cuesta. Nos vamos y desaparecemos en la oscuridad. Nuestros brazos empiezan a coger aire. Todo está en calma.

Es totalmente una lucha interna frente al dolor, a la soledad y la perdición. Y cómo todo se resuelve como los grandes dramas, sin grandes alegrías sino con esa sensación agridulce de intentar flotar sobre las aguas mugrientas y empezar a concienciarse de que se puede nadar hacia algún lado. Esa serenidad de la mente que da la desesperación y que te aliena un poco pero te permite dar los primeros pasos para avanzar de nuevo por el camino.

Me arriesgué sobre el escenario con una pieza muy emocional, y decidí interpretarla y darlo todo. Hay cosas que aún tiendo a expresar con la cara y no con el movimiento, pues siempre se sigue aprendiendo en esto de la expresión corporal, pero creo que el resultado quedó bastante equilibrado. Siempre podía ser mejor pero con mis recursos, no me voy a quejar.

Destaco una cosa: que pude abrirme en canal al público debido en parte a que los sentimientos y sensaciones que compartía no eran míos. Si bien seguramente lo hubieran sido, porque si no no habría sabido cómo abordarlos, en ese momento me quedaban algo lejanos. Fueron sentimientos creados e irreales, por lo tanto no tuve que exponerme muy brutalmente. Creo que este punto es importante, pues uno siempre tiende a protegerse de lo que siente en el momento. Hay que ser capaz de abstraerse del ego y la experiencia personal y convertirse en un canal abierto por el que fluya la energía que se quiere transmitir.



Segunda parte:

De nuevo, volví a realizar la coreografía como medio año después. Es evidente que no la recordaba y tuve que echar mano del borrador de pasos, del vídeo de ensayo y del guión emocional. Sin embargo, esta vez aparte de que repasar coreografías que ya he bailado me produce una sensación poco amigable de estancamiento, el entorno y las circunstancias no propiciaron que el drama saliera tan brutalmente. Estuvo mucho más contenido. Esta vez, el drama se vivía por dentro, pues no hacía mucho había pasado por una mala época, y la verdad es que no me encontraba con ánimos de abrirme en canal. De hecho, mucha gente de mi entorno de danza no sabía nada de mi estado. Ese afán de esconder se pudo apreciar, aunque sí que se vislumbra en mí como una seguridad y una fortaleza que me aporta una postura corporal interesante. A mi gusto, esta segunda interpretación tiene partes mejores y peores. No se puede tener todo.

También es probable que con el tiempo, la carga emocional de la obra se vaya diluyendo. No lo descarto, y de hecho así me parece que es en realidad.

Introduje variaciones de pasos e improvisé y olvidé distintas partes de las que esperaba. Pero esto es el directo, baby. Ni siquiera llevaba joya alguna sobre el cuerpo. Intenté librarme de las ataduras de la sobrecarga de abalorios y fui allí en mi sobrio traje negro a mostrar danza, simplemente.

The end:

Por último, la maduración de la coreografía se da en la actuación en la tetería d té n té, donde más que un riesgo, para mí supuso un respiro pues era una de las dos piezas que conocía, las otras dos eran improvisación y me generaban más nervios que ésta. Tampoco la repasé demasiado, y preferí no llenar de drama esta vez la actuación porque imaginaba la tetería como algo más alegre y festivo, no tan profundo como la sala en la que defendí la coreografía por primera vez. Opté de nuevo por librarme de los abalorios y la verdad es que mi cara se quedo algo más rígida de lo que quería. No estuve tan presente en el momento, simplemente la bailé con toda la habilidad que pude (¡ese suelo es todo un reto!) y preferí librar a la gente de mis sensaciones de ahogo. No sé si hice bien. Quizás aquí en petit comité y ante tanta gente conocida como había, podía haber hecho despliegue de apertura. Pero bueno, estuvo correcta. Y punto.

Creo que hay un momento en la vida, en la que bailar cierta pieza te hace sentir libre, te quita la carga y la comparte, da sentido a todo. Fuera de esa vez, se puede intentar interpretar, pero el momento ya ha pasado y hay que buscarle nuevas intenciones y matices.


Conclusión:

No sé si desde fuera se aprecia todo lo que intento explicar aquí. Para vosotros igual es una coreografía sin más.

Cualquier comentario que deseéis hacer respecto a la pieza será bienvenido, pues se trata de eso, de recoger feedback. Yo he dado el mío, y conozco las opiniones de varias personas del ámbito de la danza y de mis círculos de amigos, pero me sigue interesando escuchar nuevas opiniones.

Debo decir que, a pesar de todo, a la gente de mi entorno ha sido la pieza que más le ha llegado de todas las que he realizado. Es cierto que es de las pocas en las que intento muy fuerte que llegue algún sentimiento reconocible, pero me alegra saber que ha gustado y que he establecido comunicación con el exterior. También me alegro de la técnica expuesta, que no es excesiva, para no recargar de complejidad una coreografía tan lenta y emocional, pues dificultaría el mensaje. Sin embargo, tampoco es simple, tiene su toque de complejo, innovador, creativo e investigador del lenguaje corporal. Ahora, a por nuevos retos.

¿Qué os parece el guión emocional y cómo le he dado vida a través de los pasos?
¿Os ha parecido que se expresa lo que en primera instancia me propuse?
¿Cómo véis la evolución de la pieza? ¿Qué ha mejorado y qué ha empeorado? O dicho de otro modo: ¿Me he aproximado más al público, o me he ido alejando conforme la coreografía se iba haciendo más antigua?
¿Qué os sugiere esta pieza?
¿Cuál de estas tres es vuestra actuación favorita?
Y si presenciásteis alguna de estas... ¿Se diferencia mucho el momento en la vida real de lo que capta la cámara?

Gracias por compartir esta danza conmigo :)

lunes, 11 de agosto de 2014

Realidad, y todo lo demás es literatura.

Tiendo a ver a las personas como personajes literarios y las explico como tales. O quizás es al contrario, que trato a los personajes literarios como si fueran personas. Hablo de las diferencias del individuo con lo habitual en personas de su edad y características psicosociales y socioeconómicas. Como si criticara a un personaje, con la diferencia de que desde la perspectiva del personaje literario discuto la veracidad que consigue, mientras que esta veracidad se asume en el caso de las personas y por tanto lo increíble acaba siendo objeto de fascinación y ampliación del rango entre el que se reparte la realidad de la personalidad. Rango que servirá para dar o no credibilidad y nivel de interés a los personajes.

Todo está relacionado. La ficción es tal en base a una realidad subyacente sobre la que se apoya y sobre la que construye otra realidad “ficticia" dentro o fuera de los rangos de veracidad. Algo inverosímil acaba desembocando en falsedad o fantasía. Lo creíble puede perfectamente ser asimilado como real, y podría caber la posibilidad de una existencia de un individuo cuya descripción y circunstancias coincidieran con las del personaje inventado. Al fin y al cabo, si lo encajamos dentro de lo creíble u observado en la misma realidad, ¿no hace que, por azar, este caso ficticio concreto coincida con lo que damos en llamar “real" y lo sea?

martes, 8 de julio de 2014

Economía y budismo

El libro "Small Is Beautiful: Economics as if People Mattered" del teórico económico E.F. Schumacher intenta conciliar la economía y la filosofía budista, añadiendo de esta forma "valores" y "metafísica" a las ciencias económicas. Schumacher dice que los economistas mismos, como la mayoría de los especialistas, tienden a asumir que la suya es una ciencia de verdades absolutas e invariables, que carece de presuposiciones, algo tan carente de valores y metafísica como podría serlo la ley de la gravedad. Schumacher dice, por tanto, que los economistas sufren de lo que él llama un tipo de "ceguera metafísica".

Dice que la economía occidental tradicional está envilecida y nos hace considerar a "los bienes materiales más importantes que las personas y el consumo como más importante que la actividad creativa".

Por lo tanto, de este tipo de pensamiento se deriva nuestro deseo crónico de evitar el trabajo como tal y la dificultad de encontrar, por tanto, una ocupación realmente satisfactoria.

En palabras de Schumacher:
"Existe un acuerdo universal de que una fuente fundamental de riqueza es el trabajo humano. Ahora, los economistas modernos han sido educados para considerar el "trabajo" o trabajar como poco más que un mal necesario. Desde el punto de vista del empleador, que es en cualquier caso simplemente un elemento de coste que se quiere reducir a un mínimo si no eliminar por completo, por ejemplo, a través de la automatización. Desde el punto de vista del obrero, es un "desutilidad"; trabajar es hacer un sacrificio de el propia ocio y confort, y los salarios son una especie de compensación por el sacrificio. Por lo tanto, lo ideal desde el punto de vista del empresario es tener producción sin empleados, y desde el punto de vista del trabajador es tener ingresos sin empleo.
Las consecuencias de estas actitudes, tanto en la teoría como en la práctica tienen un gran alcance. Si el ideal con respecto al trabajo es la de deshacerse de él, todos los métodos que "reducen la carga de trabajo" son buenos. El método más potente, a falta de automatización, es la llamada "división del trabajo" ... Aquí no se trata de una cuestión de especialización ordinaria, que la humanidad ha practicado desde tiempos inmemoriales, sino de dividir cada proceso completo de la producción en partes más diminutas, por lo que el producto final puede ser producido a gran velocidad sin que nadie haya tenido que contribuir con más que con un movimiento no cualificado, y en la mayoría de los casos totalmente insignificante, de sus miembros."

"El punto de vista budista toma la función de trabajo y la desdobla en por lo menos tres partes u objetivos: dar a un hombre la oportunidad de utilizar y desarrollar sus facultades; que pueda superar su egocentrismo al unirse con otras personas en una tarea común; y para dar a luz a los bienes y servicios necesarios para desarrollar su existencia. Una vez más, las consecuencias que se derivan de esta visión son infinitas. Organizar el trabajo de tal manera que se vuelve una tarea sin sentido, aburrida, embrutecedora o estresante para el trabajador sería poco menos que criminal; indicaría una mayor preocupación por los bienes que por las personas, una diabólica falta de compasión y un grado de unión con el lado más primitivo de esta existencia mundana totalmente desalmado. Igualmente, luchar por el ocio como una alternativa al trabajo sería considerado un desconocimiento total de una de las verdades básicas de la existencia humana, es decir, que el trabajo y el ocio son partes complementarias de un mismo proceso vital y no se pueden separar sin destruir el gozo del trabajo y la felicidad del ocio. Desde el punto de vista budista, existen, por tanto, dos tipos de mecanización que deben ser claramente distinguidos: uno que mejora la habilidad y el poder y uno que convierte la obra del hombre en la de un esclavo mecánico, dejando al hombre en la posición de tener que servir al esclavo."

Totalmente desalentador. Una vez más, la podrida y mecanizada visión de la economía de occidente se ve beneficiada por un tipo de pensamiento diametralmente opuesto, humanizador y tradicional. Pero así como los extremos demuestran no ser eficaces ni para el enriquecimiento personal ni para el progreso, sí que podría ser beneficioso abrir la sistemática de trabajo a este tipo de influencias, para centrarse más en los trabajadores como personas con sus aspiraciones, capacidades creativas (que necesitan ser desarrolladas) y necesidad de autorrealización; y no como en números, herramientas o por qué no decirlo, esclavos. La esclavitud no consiste sólo en llevar cadenas pesadas y oxidadas... A veces éstas son invisibles y nos reprimen desde la mentalidad que se nos inculca colectivamente.


(Traducción de extractos a partir del artículo de Brain Pickings: Buddhist Economics: How to Stop Prioritizing Goods Over People and Consumption Over Creative Activity.)